Se busca chivo expiatorio

La indeseada elección de un culpable podría recaer en el general Ahmed al Assiri, número dos de la Inteligencia saudí


Tal y como se esperaba, ya ha empezado el casting para encontrar un chivo expiatorio que libre al príncipe heredero Mohamed bin Salman de las consecuencias del asesinato (ordenado por él) del periodista Jamal Khashoggi. La indeseada elección podría recaer en el general Ahmed al Assiri, número dos de la Inteligencia saudí. ¿Por qué él? Probablemente porque, de orígenes humildes, no está vinculado a ninguna familia poderosa del reino. Pero culpar a Al Assiri es solo una idea de los norteamericanos. En realidad, y contra toda evidencia, Arabia Saudí sigue negando tener nada que ver con la muerte de Khashoggi. Y si los saudíes insisten en no ofrecer un falso culpable, la seguridad turca, que está encantada de poner en un aprieto a los saudíes, seguirá filtrando información que apunta directamente al culpable verdadero: el príncipe heredero saudí. Estados Unidos hace todo lo posible por ignorar esas pruebas, pero llegará un punto en que, si el príncipe heredero se empecina, no tendrán más remedio que imponer sanciones. En ese caso, los saudíes podrían vengarse reduciendo su producción de petróleo, lo que haría imposible las sanciones al crudo iraní, porque entonces el precio escalaría y arruinaría el crecimiento económico norteamericano. Por otra parte, Washington se resiste a renunciar a Mohamed bin Salman, artífice de un acercamiento secreto a Israel y ferozmente hostil a Teherán; un hombre que con el que Jared Kushner, el yerno de Trump, ha forjado una amistad mutuamente conveniente; un príncipe a quien la prensa norteamericana (y siguiendo a esta, la del resto del mundo) ha presentado como un reformador y liberalizador.

Por supuesto, Mohamed bin Salman nunca ha sido un liberalizador, sino un déspota irresponsable. Decisiones suyas, como permitir a las mujeres conducir, no compensan la brutalidad con la que ha tratado a sus rivales o la guerra de Yemen. Por cierto que el asesinado Jamal Khashoggi tampoco era un opositor demócrata, como se le está presentando en los medios, sino un islamista de una corriente disidente pero no especialmente moderada, un seguidor de los Hermanos Musulmanes. Las líneas divisorias en Arabia Saudí son más complejas que las que separan a tradicionalistas y liberales. Y esas divisiones internas son, precisamente, las que suponen ahora una amenaza para el príncipe heredero, que se ha ganado a pulso muchos enemigos en el reino. Se sabe que su padre, el octogenario rey Salman, está preocupado y, saliendo de su burbuja, ha abierto una negociación directa con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. A su alrededor, algunos le dicen al oído que sacrifique al príncipe heredero. Pero es difícil que eso ocurra, tanto porque es su hijo favorito como porque el príncipe se ha vuelto demasiado poderoso. Va a ser más fácil para todos los implicados que otro cargue con las culpas.

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