La cacería

Laureano López
Laureano López EL ENFOQUE

OPINIÓN

Miguel Ángel Molina

El cordero. Lo opuesto al animal político. Imposible con su piel sobrevivir a las dentelladas de la cosa pública, sea fuego enemigo o amigo. Este lo practicó Susana Díaz, y el asunto acabó como un día acabará el pobre animal que ahora descansa en su regazo: en oveja trasquilada o, peor, lechazo asado. Pero algo debe de tener la política que hasta hay astronautas que se animan a saltar al ruedo. Luego, claro, aparece el toro, que es el escrutinio público, y el traje espacial de poco sirve. Cacería, le llamó ayer, con escasa fortuna, la ministra portavoz. Una cacería denunciada a la misma hora en la que Díaz, desde su Taiwán particular, daba falsas ilusiones a este animal, mostrando a cámara una risa tan inconveniente para su PSOE, una risa tan de cazador, una risa tan Pablo Casado -por los pelos, gentileza del Supremo-, que casi se puede escuchar en el papel.