Si este fuese un país serio ya se habría emitido orden internacional para capturar al oculista de Aznar, quien no vio que ese invitado generoso que pagó parte del convite de la boda de su hija, y quién sabe si se marcó algún vals, era un tal Correa, cabecilla de la Gürtel. Es evidente que el oculista personal de «Pepe Aznar», el hombre que puso en sus manos las lentes que este sujetaba ayer con la delicadeza que no mostró, por ejemplo, después de las Azores o con Rajoy, no sabe graduar la vista, porque el expresidente, esa mirada abdominal sin atisbo de autocrítica, sigue sin ver un Correa a tres pasos. A lo mejor está «trabajando en ello». Quién sabe si ese profesional de los ojos fue el mismo que examinó los de González, que ni vio el Gal ni vio Filesa, los de Zapatero, único español que no vio venir la crisis, y los de Rajoy, que no vio la corrupción ni que se iba para casa, formando así una increíble colección, y por lo visto estos 100 días suma y sigue, de ilustres ignorantes al frente del Gobierno de España.