Las bombas que no matan


La polémica está servida. España ya ha enviado las bombas guiadas por láser a Arabia Saudí. El problema está en el uso que este país vaya a hacer de esas bombas, que son de las que matan, pero poco o, dicho de otro modo, no tienen efectos colaterales. Así se lo he escuchado asegurar al ministro de Asuntos Exteriores.

Por lo tanto, a partir de ahora, el gobierno socialista solo va vender bombas que no maten. Por ejemplo, la bomba de insulina que ayuda a los diabéticos a mantener los niveles adecuados de glucosa.

Este artilugio tiene el tamaño de un paquete de tabaco y administra insulina de forma continuada, remedando al páncreas. Consta de dos partes: infusor de insulina y catéter de conexión.

Tampoco mata la bomba de agua, dispositivo que se utiliza para bombear agua de un lugar a otro. Se usa en la red de abastecimiento de agua, en achicar agua de bajos y garajes inundados por las riadas tan frecuentes estos días de tormentas en buena parte de España, en el regadío de campos, etcétera.

No mata, desde luego, la bomba de vacío, diseñada para extraer gas del interior de recipientes, redes de tuberías o cualquier proceso donde se quiera conseguir que la presión interior del sistema tenga valores inferiores a los de la presión atmosférica.

Y la bomba de calor tampoco es letal. Es una máquina térmica que toma calor de un foco frío y lo transfiere a otro de mayor temperatura, usando energía aportada desde el exterior. Funciona de un modo similar a un frigorífico.

Son algunos de los rostros amables de la tecnología.

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