Un gran error de Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno pudo haber forzado la renuncia de Montón ante la evidencia de las irregularidades de su máster. Habría mitigado el daño y habría puesto en apuros a uno de su grandes rivales, Pablo Casado


El escándalo Montón ha atropellado a Pedro Sánchez. En cien días el presidente del Gobierno con menos apoyo parlamentario de la historia ha perdido a dos ministros. El primero, Màxim Huerta, se fue por un asunto privado, tuvo rápidamente un sustituto mucho más competente y apenas provocó un leve temblor en el palacio de la Moncloa.

El caso de la ya exministra valenciana es otra cosa. Montón era una figura emergente, tenía peso político y hasta la fecha solo había dado alegrías al Gobierno socialista. Su salida por la puerta de atrás hace daño. Y más en cuanto que arrastra al presidente. 

Pedro Sánchez guardó silencio en las primeras 24 horas de un escándalo que también salpicaba al líder de la oposición. Casado y Montón arrastraban y arrastran el mismo estigma que la defenestrada Cristina Cifuentes: fuertes sospechas (un proceso judicial las convertirá o no en certezas) de haber sido agasajados con un máster en la Universidad Rey Juan Carlos.

Con este escenario, el dilema era tentador. Los maquiavélicos hicieron las cuentas con rapidez: una caída rápida de la ministra podía poner en apuros al sucesor de Rajoy, que dio todo su apoyo a Montón.

El Gobierno no se mojó, dejó que ella se batiera el cobre ante los medios -exhibiendo un montón de contradicciones- y, de alguna manera, alentó esa tesis. Hasta que se produjo, el viraje, uno más, y se produjo una cascada de defensas públicas de la valenciana. Abrió el juego Ábalos, responsable de Organización del PSOE. Centró la portavoz parlamentaria Adriana Lastra. Y remató Pedro Sánchez en un pasillo del Senado: «La ministra está haciendo un extraordinario trabajo y lo va a seguir haciendo». Y se equivocó. 

Algo olía a podrido en el máster de Montón desde el minuto uno. Y una nueva información acabó provocando arcadas: la ministra había copiado un buen pedazo del trabajo de fin del sospechoso máster con partes calcadas de la Wikipedia. Cambió la situación. Y el Gobierno perdió su ventaja.

Decía Maquiavelo: «Una guerra no se puede evitar; solo se puede posponer para ventaja de otros». Sánchez, que pudo haber tomado la iniciativa y forzado la renuncia, desaprovechó esta lección. Al final la valenciana hizo lo que no quería, «perjudicar al Gobierno», cayó y arrastró a su defensor, que no solo se queda sin ministra, sino que ha perdido una gran oportunidad para poner en grandes apuros a uno de sus grandes rivales, Pablo Casado. 

Tal vez el político del PP puede respirar tranquilo un tiempo. O no. Por lo visto hasta ahora para dimitir no llega la sospecha/certeza de un máster regalado. También hace falta otro gran renuncio como desencadenante. En el caso Cifuentes fue el tristísimo episodio de las cremas. En el de Montón el uso indiscriminado e injustificado de las míticas teclas Control C y Control V. ¿Quién será el siguiente?

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