Ya platicamos todos mexicano


No puedo más que haser esta columna como Paulina de la Mora, la protagonista de La casa de las flores, el culebrón que está arrasando en Netflix. Yo sé que esta lentitud que tengo ahora al platicarles les da chanse para echarse unas risotadas, pero es que México nos ha calado intensamente este verano, y no más he llegado y he ensendido la computadora nesesitaba desirles que sí, que estoy con ustedes, que me he regresado felis de haber compartido esta euforia por el culebrón que se salta las normas y apuesta por la parodia bien escrita. Que hemos recuperado a Verónica Castro, la de Los ricos también lloran, y que los que saben bailar a ritmo de Yuri («pasa ligera la maldita privamera»...) saborean ese código al que no llegan los millennials ¿acaso conosen a Gloria Trevi? La casa de las flores y el biopic de Luis Miguel, güey, nos han dado la vida, el enganche a la televisión que se ha hecho visio con la s de superéxito y que nos ha quitado la hueva de agosto. Porque ver a Óscar Jaenada como el padre de Luis Miguel es para engancharse una y otra vez a ese actor brutal que te crees siempre. Lo de La casa de las flores es otro narcótico de alegría, de frescura, por el olor a nuevo que trae en cada expresión, en cada frase. Una disparatada que no sabes si es buena o mala, pero que te arrastra a seguir la locura kitsch de ese México lindo y genial que este verano nos ha hecho renunsiar incluso a nuestro asento.

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