Cambio climático: tú eres el responsable


el mensaje de la canción de Golpes Bajos que aseguraba que vivíamos malos tiempos para la lírica, ha perdido fuelle. Parece que ha resurgido el lirismo ciudadano, aunque con prosa chapucera y tabernaria. Este verano, lo más oído en chiringuitos playeros han sido las soflamas grandilocuentes sobre el supuesto despropósito de exhumar dictadores de espacios públicos, diatribas desarrolladas sobre la consecución exprés de títulos académicos de políticos, discursos acalorados sobre la curiosa ilegalidad de quitar lazos amarillos...

Pero no solo envolvemos la realidad en discursos, sino también en nuestros actos. Hace unas semanas, en una playa de las Rías Baixas, al día siguiente de una celebración marinera, vimos cómo docenas de ramos de flores retractilados de plástico llegaban a la costa. Un vecino de toalla, apagando su décimo cigarro en la arena, se quejaba de cómo se podía permitir aquello. Preguntemos a las cajeras de supermercado cuántas veces les preguntan que por qué tienen que cobrar las bolsas de plástico, o el pedazo revuelo que se ha montado porque una ministra asegura que van a apretar la fiscalidad al gasóil.

Entre tanto, la ONU identifica 6,5 millones de muertes al año por culpa de la contaminación atmosférica. De hecho, según la OMS, en lugares como España, la esperanza de vida ha bajado en 12 meses.

Todos hemos visto cómo la temperatura del agua del mar ha subido de un plumazo varios grados, pero no nos altera lo más mínimo, porque así la gente se puede bañar en la Lanzada. El cambio climático se ha inoculado en nuestras venas, no solo para acabar con nosotros, sino para volvernos imbéciles, pues no parece que lo queramos ver. Este verano he leído Veinte, una interesante novela del pontevedrés Manuel Loureiro. Básicamente, la humanidad desaparece porque, en masa, decide suicidarse. Desde luego, parece una situación análoga, solo que, en la realidad, a poquitos.

Nuestro cambio de modelo no tiene vuelta atrás y será por las buenas, o impuesto por la propia naturaleza. La absoluta necesidad de abandonar con prontitud las fuentes no renovables es algo que debería superar cualquier discusión. Los avances en la tecnología de generación, como la solar, están cambiando completamente el concepto de la energía. Aquellos países que aborden esa transición con agilidad se convertirán en referentes económicos mundiales, mientras que los que sigan trastabillando el camino con legislaciones sin sentido, harán pasar muchas dificultades a sus ciudadanos.

La transición energética traerá de la mano a otros compañeros de viaje que nos sorprenderán, como la digitalización del suministro, que nos permitirá intercambiar energía entre usuarios; la aparición de coches eléctricos que se conduzcan solos, la reconfiguración de nuestras ciudades, o muchas nuevas conductas de consumo. Pero antes habremos de decidir si seguir discutiendo entre nosotros con los Cuentos de Calleja, o ser conscientes de que la responsabilidad global por mejorar las cosas empieza por nosotros mismos.

Cada uno sabrá.

*Juan Castro-Gil es vicepresidente de la Fundación Renovables

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