Los retos de la economía para crecer sin agredir al planeta

El próximo miércoles se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, que este año se dedica a la lucha contra la contaminación del aire. Una causa en la que la industria, responsable de de la mayoría de las emisiones contaminantes, tiene mucho que decir. Aunque no es el único reto ambiental de la economía...


Redacción / La Voz

«Ir a favor del mundo, de la naturaleza, de las personas, de la defensa del talento y de hacer las cosas bien. Es bueno para los accionistas y para toda la sociedad». Es la receta que el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, lanzó esta semana en una jornada sobre La transformación ineludible de la economía en la que el ejecutivo, una de las caras más visibles del poder económico en España, urgió a construir nuevas alianzas para garantizar el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por la ONU en su Agenda 2030.

Y es que, como advirtió en ese foro Jeffrey Sachs, director del Centro para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia, «si seguimos con el modelo actual, en el que el mercado determina el valor del individuo y pone el medio ambiente a su servicio, no lograremos avanzar hacia un futuro con igualdad de oportunidades». Un cambio de modelo que será difícil si, como advirtió Kristen Dunlop, directora ejecutiva del proyecto europeo EIT Climate-KIC, no se adopta «una narrativa optimista» en lugar de «alimentar el discurso catastrofista, desterrando los mensajes negativos, como los relativos a la retirada de los coches o de la carne» y difundiendo en su lugar mensajes positivos «en torno a las oportunidades y las soluciones» que surgen en el horizonte. Estas son algunas de esas oportunidades (o retos) que deberán cristalizar en los próximos años.

?Redefinir la movilidad con el fin de los motores de combustión

Como decía Dunlop, el adiós a los coches actuales con motor de combustión es uno de los asuntos que más controversia ha generado en los últimos meses, especialmente después de que el Gobierno fijase una fecha para su retirada de la circulación. Y eso que el plazo es largo. En concreto, el Ejecutivo propone, en el Plan de Energía y Clima presentado en la anterior legislatura, que los coches diésel y gasolina (y también los híbridos) desaparezcan de los concesionarios en el 2040, cuando dejarán de poder matricularse, y diez años más tarde, de las carreteras.

La decisión española no es un capricho, sino que va en línea con los objetivos trazados por la Comisión Europea (no hay que olvidar que el transporte es responsable de la cuarta parte de las emisiones de CO2 a la atmósfera) y es menos drástica de la que han puesto sobre la mesa otros estados de la UE, como los Países Bajos, en cuya capital, Ámsterdam, se vetarán estos vehículos en apenas diez años, en el 2030, el mismo plazo que se maneja en Dinamarca.

La medida, en otro caso, plantea un reto tanto para el sector, que debe adaptar sus fábricas a la nueva tipología de vehículos, aunque las grandes marcas ya van por delante de los gobiernos. Toyota ha anunciado ya el fin de la producción de coches diésel y Volvo quiere centrarse solo en híbridos y eléctricos. Hasta Volkswagen ha dicho recientemente que dejará de producir vehículos con motor de combustión en el 2026.

Pero el ambiental no es el único reto que se le plantea a la industria del automóvil, que deberá también acoplarse a los nuevos modelos de movilidad que, como el auge del carsharing o los coches autónomos, amenazan la estructura tradicional de su negocio.

?La descarbonización podría abaratar el recibo de la luz

Dentro de esa estrategia para descarbonizar la economía, otro paso clave es la producción de energía eléctrica, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles (como el carbón) y ampliando la cuota de renovables. Sobre la mesa, medidas como el cierre de las centrales térmicas (nueve de las catorce que hay en España cesarán su actividad antes de que acabe el 2020 y las otras cinco podrían alargar su vida útil solo diez años más).

Medidas de ese tipo permitirán reducir aún más el peso del carbón, que hace cinco años representaba el 18 % del mix de generación eléctrica en Europa, y que ahora supone el 12 % (aunque en otras zonas del mundo, como Norteamérica, sigue en el 41 %).

En España, el objetivo es que, de toda la energía consumida, en el 2030 el 42 % provenga de fuentes renovables, frente al 17 % actual. Un porcentaje que se elevaría al 74 % en el caso de la generación eléctrica.

Además de los beneficios ambientales y de la salud, que son evidentes, el Gobierno estima, en el citado Plan de Energía y Clima, que el impulso a las renovables producirá un ahorro a los consumidores, con una rebaja del 12 % en la factura de la luz.

?La agricultura, ante el reto de producir más con menos recursos

Alimentar a una población creciente reduciendo el consumo de recursos. Es el reto que tiene ante sí el sector agroganadero, que en la actualidad acapara el 70 % del agua dulce que se gasta en el mundo y que es responsable en buena medida también de la deforestación del planeta. Y que en los próximos años se enfrentará a un reto endiablado: duplicar de aquí al 2050 el volumen de alimentos.

Las cifras asustan. En la actualidad, producir un kilo de carne de ternera obliga a consumir 15.000 litros de agua, para un kilo de trigo hacen falta 1.500 y para un simple huevo, más de 130. ¿Cómo reducir esas cifras o, por lo menos, mitigar su efecto en el medio ambiente? Además de mejorar las infraestructuras de potabilización y potenciar la reutilización de agua para fines agrícolas, una de las claves está en la llamada agricultura de precisión que, echando mano de los nuevos recursos tecnológicos, permite analizar el terreno del cultivo para optimizar el riego.

?La economía circular: convertir el residuo en un nuevo recurso

EL modelo de la economía lineal (producir, usar y tirar) no es sostenible, porque los recursos no son infinitos (al ritmo anual, se necesitarían tres planetas para satisfacer las necesidades de consumo en el 2050). El futuro pasa por la economía circular, en el que las máximas anteriores se sustituyen por las de reducir, reutilizar y reciclar. Los residuos se limitan al máximo porque casi todos se pueden transformar en materias primas para otros productos. Como ejemplo, la industria textil, que potencia la recogida de ropa usada para transformarla en tejido de nuevas prendas.

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