Lo que de verdad importa. Una fantástica película del director Paco Arango. El título de un libro escrito durante el último año de su vida por un enfermo de cáncer, Nick Forstmann. El nombre de una fundación que tiene como objetivo promover el desarrollo y la difusión de los grandes valores universales entre los jóvenes. Pero esta frase es, sobre todo, lo que uno se pregunta cuando pintan bastos, como, por ejemplo, pasar unas cuantas horas en un servicio de urgencias aquejado por un cólico de riñón: se lo puedo asegurar en primera persona.
No sé muy bien por qué, pero, una vez aliviado por el efecto de los calmantes, yo me dediqué a rumiar un pensamiento de Santa Teresa Jornet, la fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados: «Dios en el corazón, la eternidad en la cabeza, el mundo bajo los pies».
Supongo que porque estos días estaba ocupado y preocupado por el envío de un segundo contenedor con ayuda humanitaria, que sale el próximo miércoles desde el puerto de Vigo, con destino a las dos residencias que las Hermanitas tienen en La Habana, en las que atienden a 650 ancianos, sin mayor recompensa que esperar la vida eterna. O porque este domingo, como cada 26 de agosto, celebramos la fiesta de esta mujer, y con ella, la entrega de tantas religiosas que atienden a nuestros ancianos en cuatro continentes. Con tantos infiernos como hay en este mundo nuestro, lo único que de verdad importa es intentar aliviar las penas de todos los que podamos.