Gallego en la intimidad


Hay frases que hacen historia (con minúscula) y se cuelan en la memoria colectiva. Nos acordamos de ellas porque escenifican piruetas gatopardianas y virajes tan espectaculares como un olímpico yurchenko con doble giro. Una de las más célebres tiene más de veinte años. Y la dijo uno de los políticos más antipáticos que hemos conocido en democracia al sur de los Pirineos, José María Aznar. Fue aquel «yo hablo catalán en la intimidad» que siguió al visceral «Pujol, enano, habla castellano» que retumbó en un balcón de Madrid hace una eternidad, allá por 1996.

Cómo hemos cambiado. Ahora el idioma que se habla en las distancias cortas es el gallego. Y no porque se hayan puesto de moda las cantigas de Alfonso X el Sabio, sino por la revelación de un político castellanísimo que disputa el liderazgo del PP a Sáenz de Santamaría.

Para escarnio del centralismo ultramontano y para jolgorio de nuestras redes, resulta que Pablo Casado «gostaría de falar galego» y lo habla «en la intimidad». La frase, pronunciada en el contexto del abierto cortejo de los votos del PP galaico, sirve de homenaje a la hipocresía del resentido y descarriado mentor del palentino. Y pone de manifiesto que, en el juego de tronos, París siempre valió una misa, Moncloa un certificado de catalán íntimo y Génova 13 un Celga 1.

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