Las actividades extrajudiciales de una magistrada de Lugo han puesto de actualidad la palabra pitonisa, que da nombre a unas mujeres cuya dedicación a las adivinaciones y profecías acumula decenas de siglos. Hoy se usa con el significado de ‘adivinadora’, sea cual sea el método que emplee para ejercer sus funciones, pero tiene también otra acepción, la de sacerdotisa de Apolo que transmitía los oráculos en el santuario dedicado a este dios griego en Delfos.
El oráculo era la respuesta que daba una deidad a una consulta, en lugar sagrado y a través de un intermediario. Esta voz designa también a ese mediador y el escenario. A la sacerdotisa de Delfos la llamamos hoy pitonisa, voz que el español toma del latín pythonissa. Hay quien sitúa el origen del sustantivo latino en uno griego, pero otras fuentes sostienen que tal palabra no existió en la antigua Grecia, sino que es una mera transliteración del pythonissa latino que autores cristianos crearon en el siglo IV a partir de Pythó. Entonces se aplicaba, más que a las pitonisas de Delfos, a la bíblica encantadora de Endor. Saúl, último monarca israelita de la casa de Benjamín, tras la muerte de Samuel, último de los jueces, que lo había ungido como rey, consultó a la hechicera de Endor, que le pronosticó su próxima muerte y la de sus hijos. Una de las primeras apariciones del español pitonisa hace referencia a esa mujer. Es de fray Bartolomé de las Casas (Apologética historia sumaria, 1527-1550): «También está escripto en el mismo libro de los Reyes, capítulo 28, que Saúl dijo a la mujer pitonisa que le adevinase en su pitón y espíritu familiar y que le resucitase al profeta Samuel». Otros autores, como Tirso, empleaban fitonisa, hoy en desuso.
El pythonissa del latín no será transcripción de una supuesta voz griega, pero está vinculado a Pythó, antiguo nombre del lugar donde se hizo el santuario, y a Python, variante del anterior y nombre griego de la gigantesca serpiente Pitón, que custodiaba el oráculo. Tras vencer a esta, Apolo se convirtió en Apolo Pitio. Este adjetivo, pitio, y pítico se emplean hoy para lo perteneciente o relativo a ese dios. También se usa pitia como sustantivo para designar a las pitonisas de Delfos, a las que se llama asimismo sibilas.
Quién les iba a decir a aquellas mujeres que muchos siglos después el modelo de pitonisa sería la bruja Lola, la de las velas negras.