Un rabo de nube


En el congreso extraordinario del PP que viene de anunciar Mariano Rajoy es de esperar un debate profundo para entender lo ocurrido y reconducir la estrategia a seguir. Como admitir que no han sido víctimas de un atentado tramposo, sino de un recurso legitimado por la Constitución, tan válido en lógica democrática como el artículo 155, ambos inspirados en la legislación alemana que nutrió a los constituyentes. O reconocer que aún vendrán momentos difíciles porque la Justicia sigue su curso. O tener en cuenta que dentro de un año volverán a ser examinados por el pueblo y lo que ahora hagan y digan recogerá sus consecuencias entonces. O que no hay enemigo pequeño, como Pedro Sánchez ha confirmado, llegado como está el momento de jugar sus bazas: edad, preparación y olfato para aprovechar esta oportunidad, entre otras cosas porque en Europa no genera desconfianza -y además no necesita intérpretes-; ni le preocupan los recelos que suscita en el aparato más anquilosado del PSOE porque convierten en amigos a quienes pensaban que era una marioneta o un resentido; y que ya nadie osa discutir su lealtad a sus siglas, su respeto a la Constitución y la disposición para entender y afrontar los cambios que deben resolverse aquí y ahora, porque si siguen en un cajón no se los llevará el viento, sino que retornarán convertidos en ciclón.

Pero la gran noticia es su decisión de dar un paso al lado, reconociendo que no puede quejarse por falta de oportunidades. Lo ha sido todo en la política española y no merece que nadie sienta pena por ello, sino más bien admiración o, en todo caso, envidia. Está en un momento de la vida en que puede pisar el freno e, incluso, poner la intermitencia para dejar paso a otro conductor con mejor equipación y más potencia. Sobre todo porque en sus filas tiene alguna figura que reúne estas condiciones, capaz de pilotar el renacimiento porque supo criticar actuaciones pasadas que no debían justificarse; porque ganó las elecciones en su territorio y porque reúne la juventud y experiencia necesarias para tomar el relevo y, a la vez, inaugurar una nueva etapa de regeneración y liderazgo en la dura purga que se les avecina. Y no hace falta dar más pistas...

Pero si pudiera expresar solo un deseo, esperaría del Partido Popular -como cantaba Silvio Rodríguez-, un rabo de nube que nos trajera unas gotas de humildad, arrepentimiento y propósito de enmienda. De lo contrario, acabará en la irrelevancia. Y no creo que quieran dejarle todo el campo ideológico de la derecha a un Albert Rivera más verde, por inmaduro, que la capa de Peter Pan. Ellos verán, porque Pedro Sánchez acaba de inaugurar sus primeros días como presidente de un equipo ministerial que aspira a la pole position.

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