FMI en Argentina y BCE en España


Cuando la economía de un país anota un déficit externo creciente, caídas de su producción anual, tasas de inflación de dos dígitos y tasas de interés de semejante nivel, raro es que los inversores externos no huyan. Si, además, en los últimos años las crecientes necesidades de financiación de esa economía dejaron de cubrirse en moneda nacional para hacerlo en dólares, cuando esta moneda se revaloriza (cosa que impulsa la actual subida de tipos en EE.UU.), el creciente riesgo de impago que anotan los prestamistas se hace letal. Todo esto sucede hoy, al mismo tiempo, en una viciosa espiral de causa-efecto en Argentina.

Un país en el que el dólar cuenta casi tanto como el euro en España, pero sin estar en un área monetaria única: sin BCE. Devaluando su moneda, en esas están desde el 2010, de la moneda nacional huye todo el que puede. Pero ni así están siendo capaces de darle la vuelta a un creciente déficit externo ya de 14.000 millones (-2,7% del PIB). Una economía nada sólida.

De no corregir su déficit público del -5,5 % del PIB anotado en 2016, este año tendrán que endeudarse en 30.000 millones más. Es entonces, cuando los mercados ya no quieren refinanciar nada, que no queda más remedio que llamar al FMI. Que nos alejen de los mercados: con memorando y soberanía compartida.

Cierto. España no está en recesión, tenemos un valioso superávit externo y un euro anclado en la lógica del marco alemán. Y, de momento, unos tipos de interés en mínimos.

Mientras es borroso el nivel de la deuda pública acumulada por Argentina (¿el 60 % del PIB?), sabemos que la española ronda el 100 % de nuestro PIB. Aunque nuestro déficit público anual es hoy, como mucho, la mitad que el argentino.

Pero también sabemos que desde el 2015 el Banco Central Europeo ha comprado deuda española por más de 200.000 millones de euros, lo que nos ha alejado de los mercados. Y sabemos que ni los tipos de interés (ni la prima de riesgo) van a seguir tan bajos como en la actualidad (sobre todo si Estados Unidos ha iniciado su subida).

¿Cabe esperar que el BCE nos vaya a seguir haciendo la respiración asistida sine die? En este punto conviene recordar cómo razona el actual presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, del que se habla como próximo presidente del BCE: «Hemos procurado que las políticas económicas nacionales queden deliberadamente expuestas a la tutela normalizadora de los mercados financieros, y no queremos que las intervenciones del BCE relajen esta sana disciplina bajando artificialmente los tipos de interés».

Un creyente en una sana disciplina que, al endeudarse en dólares en los mercados externos, ha obligado a la Argentina de Macri a pedir un rescate al FMI que puede superar al que necesitaron en el 2001. Todo un aviso a navegantes españoles: porque el BCE de Weidmann podría dejar nuestra gigantesca deuda a los pies de los mercados.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
21 votos
Comentarios

FMI en Argentina y BCE en España