... Pero a tu lado

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Ya está bien de agresiones, de humillaciones, de exclusiones. Basta de violaciones físicas y verbales. También de esas que se ponen en duda por llevar escote, minifalda o por perfilar los labios de color carmín y destacar los rasgos bellos de los ojos de cualquier mujer.

Basta de intentar entender el porqué de la ablación y de los símbolos de sometimiento.

Hay que acabar con esos fulanos que inventan bulos para ver si corren por despachos de los directivos -en el 99 % de los casos pertenecen a hombres- con el único objetivo de denigrar, de marginar, de sacar de en medio cualquier competencia femenina y con talento.

Hay que exigir cada día que nadie tenga tan poca inteligencia como para hacer sentir a su compañero o compañera oprimidos por su orientación sexual o identidad sexual. Ese comentario de que un homosexual padece una enfermedad realizado por un magistrado de lo social simboliza lo que por ley se debe de oprimir. Hoy, en este momento, sí defiendo las cuotas femeninas como camino de acabar con los techos de cristal que colocan aquellos que son incapaces de tener el sentido común suficiente para captar al mejor. Nadie es más que nadie, ni tampoco menos.

Defiendo el derecho de los hijos a que su padre le diga: «Nunca vi una madre que quisiera tanto a su niño». Porque significará que ella se preocupará por el bebé, y él también.

Pero lo que defiendo sobre todas las cosas es poder cambiar el mundo con ellos. A su lado. Porque soy hija, madre, esposa, hermana, amiga y también compañera.

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