A ver si ahorramos algo


Nos hemos pasado todo el Carnaval pegados a la calculadora, haciendo números a ver de dónde podemos sacar excedentes. Porque desde que escuchamos al presidente Rajoy pedirnos que ahorremos para un plan privado de pensiones y para la educación de los hijos, aquí el que más y el que menos ha empezado a ahorrar compulsivamente, no sin antes agradecerle la sinceridad porque, al fin, un presidente de Gobierno tiene la valentía de hablar alto y claro sobre un asunto tan sensible.

González, Aznar y Zapatero no se atrevieron a hacer lo que Rajoy; abordar abiertamente la solución al problema y aunque nos enviaron mensajes subliminales de que así no podemos seguir y hay que ir pensando en hacer algo, pues nunca nos abrieron los ojos del todo. Rajoy sí. Rajoy ha dicho que hay que impulsar el ahorro privado para la jubilación y la educación. O lo que es lo mismo, que a ver si ahorramos algo porque somos unos manirrotos que vivimos por encima de nuestras posibilidades.

Fue saberse de la propuesta y más de medio país se ha puesto manos a la obra. La petición-exigencia formulada por Mariano Rajoy encontró una extraordinaria aceptación y seguimiento, especialmente en ese 60 % de las familias que llegan a fin de mes más mal que bien y entre los más de tres millones y medio de parados registrados en nuestras oficinas del INEM, que inmediatamente se pusieron a ahorrar para hacer frente al futuro que, por lo visto, tiene que preocuparles más que el presente, porque lo mismo tienen la fortuna de llegar a él.

Y ya no digamos la acogida que encontró entre casi la mitad de los jóvenes que no logran su primer empleo y que le otorgan a España el privilegio de liderar el paro juvenil de la OCDE. Y entre las familias que mantienen a todos sus miembros los lunes al sol o entre los que perciben salarios de 300 y 400 euros mensuales. Todos han acogido la sugerencia presidencial con ilusión y entusiasmo.

Hasta ahora las pensiones y la educación eran pilares básicos del Estado de bienestar y el Gobierno tenía obligación de protegerlos y garantizarlos. Pero todo cambia y ahora con tanto gasto en campañas electorales, sobresueldos y tantas obras inútiles, es responsabilidad de los ciudadanos que hemos de ahorrar si queremos que los hijos sepan leer y escribir y que después de toda una vida trabajando para pagar impuestos, no nos veamos a la intemperie.

A Rajoy hay que agradecerle que nos hablase tan claro. A ver si un día de estos nos explica para qué los necesitamos y por qué los seguimos manteniendo, si nos las tenemos que arreglar solos.

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