Puigdemont, cobarde


Permítame en esta columna, amable lector, realizar un acopio de «esperpentos» que me laceran en esta hora en la que escribo, más herido que festivo, más de ninguna parte que de aquí, o sea, patidifuso y turulato. Digo, por ejemplo: Carles Puigdemont, el megalómano cobarde y fugado, dice que puede ser presidente desde Bruselas pero no desde prisión. Políticos muy de izquierdas con sueldo público, hombres, utilizan el género femenino habitualmente en sus discursos; dice un varón: nosotras reclamamos mayor atención (y en un instituto de Lugo la sala de profesores pasa a ser «sala de profesorado»). Políticos de derechas quieren hacer lo mismo: todos y todas, dicen. Uno de los cocineros más populares se hace llamar Dabiz Muñoz, es un vanguardista (con su be y su zeta), como James Joyce, pero salvando las diferencias de índole intelectual. Su novia, que cada fin de año da las campanadas, es centro de atención por los modelos que luce para la ocasión; la muchacha se declara defensora de la causa feminista mostrando su cuerpo, como mercancía, sin reparos. Un futbolista de élite gana cien mil veces más dinero que el mejor de los cirujanos que salvan vidas en nuestro país.

Tenemos cientos de miles de políticos, muchos más que en Alemania, que nos dobla en población y en sentido común. El programa más visto de la tarde en televisión es uno en el que se insulta, se amenaza, se cuentan intimidades, se desangran, y aún así pretenden salvarnos a todos los demás. En una red social, la gran protagonista de ese programa, Belén Esteban, cuyos méritos con la sociedad deben ser inmensos, posee casi un millón trescientos mil seguidores.

Siempre que hay una epidemia de gripe, o sea, cada año, se nos colapsan los hospitales y se habla de forma reiterada de falta de previsión. En la primera gran nevada de la temporada, se habla de lo mismo: la previsión. La región más rica de España quiere independizarse para hacerse la más pobre de Europa. Si defiendes la Constitución te llaman fascista y si la vulneras eres un demócrata. Si estás en Bruselas, siendo un delincuente, eres un exiliado y no un fugado. Y si te llamas Carles Puigdemont (he aquí el último disparate de esta colección) eres un valiente. Un cobarde, digo yo. Y punto.

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