¿Por qué todos dicen «obvio»?


Ahora que la RAE ve con buenos ojos el postureo y por fin los sapoconchos han saltado a la tele, es un buen momento para abrir un debate sobre la palabra de moda. La palabra que es tendencia, la que llena todas las conversaciones y discurre por las redes. Y no me refiero a aporofobia -«rechazo a los pobres»- que acaba de escoger la Fundéu como término del 2017. Nada que ver. Ni siquiera coincido con esa lista americana que destaca despacito o Hygge como unas de las palabras más representativas del año. El foco se ha puesto de un tiempo a esta parte en un adverbio de «adarga antigua», que aquellos que en los ochenta hablábamos «guay» solo éramos capaces de usar por escrito en registro formal. Me refiero a obviamente. Obviamente, en contadas ocasiones. Porque todos percibíamos en este vocablo un refinamiento que daba pavor, el mismo horror lingüístico al que se refiere Stephen King cuando apunta que «de adverbios está empedrado el infierno». Pero obviamente se ha hecho obvio en un pispás y hasta los niños a preguntas rutinarias te responden lo mismo. «¿Quieres merendar?». «Obvio». «¿Te gusta leer en la cama?» «Obvio». Así que de pronto al español le ha entrado una claridad soberbia, que debe ser generacional. Todo es obvio, muy obvio, tan obvio como Instagram, que enseguida le ha aplicado un filtro a este adverbio y ya se ha simplificado en obvi. Y hasta ahí podíamos llegar.

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