El amor a la nieve y a los sofismas

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

11 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La pasión por los sofismas, argumentos falsos con apariencia de verdad, nos ha inundado en una nueva, de las ya habituales, crisis de nuestro amor por la nieve. Una de las sentencias, impactantes por su contundencia y reiteración, y en Rajoy Presidente o en Rajoy Oposición abundan, fue con motivo del secuestro del buque Alakrana. Señalaba la «incompetencia, la improvisación y la soberbia del Gobierno de Zapatero», al tiempo que solicitaba en el Congreso la reprobación de la vicepresidenta primera del Gobierno, Fernández de la Vega, y de los titulares de Defensa, Carme Chacón, y de Justicia, Francisco Caamaño. Corría el año 2009.

Inevitablemente la recordé ante la infausta gestión de la abundante nevada y sus efectos en los 110 km de la AP-6 el día de Reyes. Donde el director general de Tráfico, el sofista Serrano, y los ministros de Interior y Fomento hicieron gala de ausencia y de «incompetencia, improvisación y soberbia» en la gestión de la crisis y su evaluación y análisis posterior.

El alivio y la esperanza, tarde mal y arrastro, lo tuvieron los ciudadanos atrapados de la mano de la UME y de la solidaridad y entrega de los vecinos, al igual que antes había sucedido con la ola de incendios de octubre en Galicia. Lo que me llevó también a recordar cómo criticaron la creación de la UME los dirigentes del PP, entre ellos quienes fueron nombrados director general de la Policía y director general de la Guardia Civil por Rajoy en el 2011. Uno y otro no tuvieron empacho en calificarlo como «instrumento inventado por Zapatero», o un «capricho faraónico» de Zapatero cuando España no estaba para esos «despilfarros».

El Gobierno ha cargado de culpas a todo el mundo que no hayan sido ellos, sin asumir su responsabilidad con ceses o dimisiones. Empezó por los miles de personas que regresaban a sus casas después de las vacaciones de navidad por autopistas de pago o autovías y que se encontraron atrapadas porque una tormenta de nieve anunciada con antelación no se gestionó. Cargó contra la concesionaria de la autopista, en un populismo entremezclado de intereses en su guerra con Abertis, Atlantia o la empresa de Florentino Pérez, como si una concesión eximiera al Gobierno que la otorga de la supervisión y control de su gestión, posicionándose con ello en contradicción con el argumento tantas veces reiterado de la eficacia de lo privado frente a lo público. Y por último, se olvidó de activar como servicio la radio pública para la comunicación de alertas, avisos y recomendaciones, incrementando la angustia con el silencio gubernamental.

Asombrados ya con los sofismas y la irresponsabilidad nos sorprende el ministro de Interior convocando, 48 horas después, un comité estatal de coordinación, que aplaza el análisis y nos deja una insólita solución, digna del profesor Franz de Copenhague, para el futuro: que otros también puedan llamar a la Unidad Militar de Emergencias, la faraónica obra. Para que aprendamos de gestión.