¿Debemos poner menos litio en nuestras vidas?


Otro batterygate. Apple ha reconocido oficialmente que ralentiza de forma encubierta, mediante actualizaciones de software, algunos modelos de iPhone para alargar la vida de sus baterías. El pastel fue descubierto por un usuario de Reddit (una plataforma de discusión en Internet) y confirmado por la empresa Primate Labs, que hizo los pertinentes análisis con Geekbench, una herramienta para evaluar el poder de procesamiento de un smartphone. La compañía de la manzana no tuvo más remedio que aceptarlo y ahí va la explicación: «Las baterías de iones de litio son menos capaces de suministrar las demandas de corriente máxima cuando, en bajas temperaturas, tienen una carga baja de batería o cuando envejecen con el paso del tiempo, lo que puede ocasionar que el dispositivo se apague inesperadamente para proteger sus componentes electrónicos».

Para evitar estos apagones, Apple incluyó el año pasado en las nuevas versiones de iOS una característica para iPhone 6, 6s y SE para «suavizar los picos instantáneos» y prevenir el blackout. Recientemente ha extendido esta característica al iPhone 7 con la última actualización (iOS 11.2) y planea hacerlo con otros modelos en el futuro. En Cupertino lo llaman dar «soporte» y dicen que su objetivo es «ofrecer la mejor experiencia para los clientes, que incluye el rendimiento general y la prolongación de la vida útil de sus dispositivos».

La aclaración no ha evitado las primeras demandas -dos ciudadanos de Los Ángeles han ido a los juzgados y exigen el reemplazo del iPhone antiguo, baterías nuevas y otras compensaciones por pérdida de uso- y se han reavivado las acusaciones contra la industria por favorecer la obsolescencia programada. Esto último no deja de ser irónico porque con este incidente, aparte de resolverse el misterio de por qué se vuelven insoportablemente lentos los teléfonos inteligentes a los dos años de haberlos estrenado, se da la clave que permitiría resucitar cualquier viejo terminal y dejarlo como nuevo: cambiarle la batería. La de un iPhone puede costar (incluyendo la mano de obra) unos 100 euros, y la de un móvil Android lo mismo o la mitad, dependiendo de si es un modelo premium o un gama media.

Este episodio nos lleva a reflexionar sobre las baterías de litio y uno de sus principales problemas, la pérdida de capacidad con el tiempo. Algo que afecta no solo al mundo de la telefonía. Por ejemplo, los fabricantes de coches eléctricos suelen dar una garantía de ocho años para esta pieza, a partir de los cuales consideran normal que haya perdido un 25 % o hasta un 35 % de su autonomía inicial. Y en su caso es mucho más grave, porque la sustitución cuesta varios miles de euros y, si no lo hacemos, se vería comprometida la propia utilización del vehículo. A diferencia de un smartphone no podemos usarlo conectado a un enchufe.

Las baterías en estado sólido, con mayor densidad y que pueden duplicar la capacidad de las actuales, serían una de las soluciones. Su vida útil es cinco veces mayor y también se cargan mucho más rápido (hasta seis veces más). Son baterías «frías» -el electrolito sólido se calienta mucho menos que el líquido- y además su gasto energético cuando están apagadas es más bajo (las baterías Li-Ion se descargan aunque el dispositivo que alimentan no esté encendido). Lo malo es que también incluyen litio. ¿Estaremos depositando nuestra confianza en la tecnología equivocada?

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