Narón, 40.000 habitantes. Imaginen. Imaginen que la secretaria xeral y supuesta heredera de uno de los partidos más importantes de Galicia fuera naronesa. Que sea de la misma comarca otra de las cabezas visibles de esta formación política, un hombre que además fue conselleiro de Justicia. Que la coordinadora general de otra de las grandes fuerzas comparta veciñanza. Que su exportavoz en el Congreso y antiguo conselleiro de Presidencia fuera también naronés. Como uno de los fichajes de los socialistas para las últimas autonómicas, un hombre que también formó parte del Gobierno gallego. E igual que el marido de la candidata más votada. Esto parecería la comunidad autónoma de Narón. Pues en Cataluña es real. Basta con cambiar Narón por Vic. En la capital de la comarca de Osona residen 43.000 vecinos, el 0,58 % de todos los catalanes. Pero es el vivero de líderes. Marta Rovira, Marta Pascal, Carles Mundó, Ramón Espadaler, Francesc Homs... En Francia tienen la Ècole Nationale d’Administration, que fabrica la élite del país con unas decenas de graduados al año. En Cataluña está Vic. Un símbolo de ese déficit de representación de zonas como el cinturón rojo (ahora naranja) de Barcelona. Pero el independentismo ha renovado su discurso para evitar incomodidades. Hay ciudades que se le resisten porque están plagadas de colonos. Aunque la imaginación haga pensar en Cartagena de Indias, se refieren a Hospitalet o Santa Coloma. Invasores de suburbio que no se integran. Las mejores perlas afloran cuando alguna saca a pasear ese tuitero verbenero que todos llevamos dentro: «Catalán es el que quiero serlo. Yo soy hija de colonos pero soy catalana, no española, y republicana». Pobres padres, que no son de Vic.

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Colonos