Dios salve a la reina


Ni Isabel II, ni Letizia ni Sofía, mi reina es Claire Foy para siempre. Qué mujer arrolladora, qué delicia de actriz en el papelón de la reina de Inglaterra. The Crown ha vuelto a la pantalla, en su segunda temporada, y los fieles de estas historias que terminan por hacer más reales a los personajes de la ficción estamos de enhorabuena. Te crees tanto a esta Isabel II que irremediablemente te hace entender más a la verdadera, pero si ambas entraran en competición no hay duda de que te quedarías con la de la pequeña pantalla. Una pantalla que no le hace honor a lo grande de este reparto, que en la primera temporada nos dejó boquiabiertos, también por la cuidadísima puesta en escena. El vestuario, los decorados, la ambientación, todo en The Crown es una maravilla, pero la joya de la corona es ella. Claire, Isabel, la reina. La mujer que se esconde, la monarca que asoma y engulle irremediablemente a la madre, a la hermana, a la esposa, a la hija. Porque si algo tiene esta segunda parte que ayer se estrenó en Netflix es la interpretación soberbia de Foy, la delicadeza con la que va mostrando con un solo pestañeo, con un minúsculo gesto, la desazón de una mujer que se va construyendo en la dureza de un matrimonio en crisis, una institución en cambio y una sociedad en transformación. The Crown es Claire Foy, es el corazón, es la auténtica trama, es la verdadera historia. ¡Dios salve a la reina!

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