Llega para quedarse

Carlos Sánchez Tembleque TRIBUNA

OPINIÓN

19 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

El término Black Friday procede de Filadelfia. Allí se estableció la costumbre, allá por los 60, de realizar las primeras compras de Navidad al día siguiente del día de Acción de Gracias. La policía llamó a esa jornada viernes negro para describir cómo se abarrotaban las calles. Años después, los comerciantes adoptaron el apodo para reflejar cómo sus cuentas pasaban de rojo (pérdidas) a negro (ganancias) después de que se desatase el milagro de esas compras preludio de la campaña navideña. Su éxito es tal que el 0,5 % del PIB estadounidense se mueve en estos días.

Esa tradición estadounidense, que hace diez años apenas se conocía en España, se ha convertido en un auténtico fenómeno socioeconómico y en una campaña de rebajas en toda regla. De hecho, según Deloitte, los consumidores españoles adelantaremos al Black Friday el 30 % de nuestras compras navideñas, en las que gastamos una media de 633 euros por familia, la cantidad más alta de Europa, por delante de Alemania, Italia o el Reino Unido.

La traslación de esta costumbre desde el otro lado del charco se explica porque que es útil y práctica para el consumidor. El hecho de anticipar rebajas un mes antes de la Navidad tiene enormes ventajas: adquirimos parte de nuestros regalos con descuentos, nos deja varias semanas para adelantar las compras y, además, todo el comercio, minorista, mayorista y on-line, se une al Black Friday, lo que supone un ahorro para el consumidor. Aunque lo más importante es siempre comprar con sentidiño.