Primer asomo de campaña: guerracivilismo


Marta Rovira y Vergès es la mujer deseada por Oriol Junqueras. Entiéndaseme: es la mujer que Oriol desea como presidenta de la Generalitat. Ignoro si ha sido una revelación divina que le llegó al líder de Esquerra en sus piadosas oraciones en la cárcel o es fruto de su conocimiento de la dama, pero la propuso para dirigir la comunidad. Según él, ha llegado la hora de que Cataluña sea gobernada por una mujer y esa mujer en quien tiene depositada toda su confianza es Marta Rovira.

Después de tal confesión, el estreno de la prepresidenta no pudo ser más estruendoso: se lanzó a decir lo que este diario destaca, que el Gobierno español, el opresor, amenazó con utilizar las armas contra la población. Los independentistas, todo responsabilidad y pacifismo, renunciaron al procés para evitar que hubiera «muertos por las calles». Hasta ese nivel llegaron las aguas de la posverdad catalana. Da la impresión de que, como los tanques no entraron por la Diagonal, son sustituidos por una amenaza gubernamental de uso de las armas. Como es natural, el Gobierno reaccionó con alguna firmeza: «Es una patraña». Lo que debía hacer es llevar a esa señora a los tribunales.

Como comienzo de la carrera presidencial de Rovira, no está mal. Si habíamos visto y seguimos viendo un espectacular carrusel de falsedades en el desarrollo de la hoja de ruta del separatismo, esa denuncia bate todas las marcas. No hacen falta ciberataques de Rusia ni que funcionen a tope las fábricas de noticias falsas, que aquí ya tenemos una especialista de primer nivel. Porque vamos a ver: ¿alguien se imagina a algún miembro del Gobierno lanzando ese aviso? ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que a Rajoy se le pasó por la cabeza reprimir a tiros alguna acción política? ¿Alguien ha visto un asomo de violencia estatal que haga siquiera sospechar esa posibilidad? Y después se cabrean porque los mandan a prisión… Hay mentiras que merecen una temporada de reflexión en una celda, que calma mucho los impulsos.

Si este escribidor tuviese alguna autoridad, obligaría a Marta Rovira a decir públicamente quién lanzó esa amenaza, quién la escuchó y a quién fue dirigida. Necesitamos saber quién habla así en nombre del Gobierno para mandarlo con Puigdemont. Y Marta Rovira necesita decirlo para no quedar como una mentirosa. Por lo menos, como una fabuladora. Y ya está bien de hacer de la patraña un argumento político.

¿Y sabéis lo más temible? Que esa declaración haya sido el comienzo de la campaña electoral, en la esperanza del independentismo de que la maldad asesina del Estado provoque una rebelión a través de los votos. En ese caso, no estaríamos ante una campaña tensa. Estaríamos ante una campaña guerracivilista. 

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