Desafío independentista: un flashback


Que el celebérrimo artículo 155 de la Constitución ha sido de una evidente eficacia se desprende de las declaraciones que cabecillas y seguidores del desafío independentista han venido manifestando estos días. Tuvieron que esperar su aplicación para reconocer que en el fracasado intento existieron serios errores de cálculo respecto de la reacción del Estado español y de la Unión Europea; ellos mismos han constatado que no estaban preparados o que no contaban con mayoría suficiente para hacer realidad una declaración unilateral de independencia. Podrían haberse caído antes del guindo. Al parecer, no eran suficientes las advertencias de dirigentes internacionales, ni el cambio de sede social de numerosas empresas ni, por supuesto, las reiteradas resoluciones del Tribunal Constitucional que fueron objeto de un desprecio olímpico. Todo ello, aunque parezca paradójico a sus adversarios políticos, ha conducido a reafirmar el valor de la decisión de Rajoy de la que personalmente se beneficia, si se tiene en cuenta la inoperatividad de otras vías y el desacierto de otras actuaciones. La retrospectiva de algunas secuencias, mientras se van desarrollando los acontecimientos hasta el desenlace del 21D, confirma esa reivindicación personal.

La iniciativa del diálogo, protagonizado por la vicepresidenta con aireada presencia en Cataluña, no tuvo ningún efecto destacable. La atribución al Tribunal constitucional de la discutida competencia de suspender de oficio en sus cargos a quienes hubiesen adoptado o participado en acuerdos declarados inconstitucionales, como medida para frenar el procés, ni siquiera ha sido tenida en cuenta. No hizo falta alguna para que actuase la justicia.

Lo sucedido el 1-O, con motivo del ilegal y falso referendo, es una muestra relevante de lo adelantado. Mejor olvidar las imágenes que circularon por todo el mundo transmitiendo una impresión nada favorable para el Estado y que proporcionaron un minuto de gloria a los independentistas. Rajoy había afirmado que era materialmente imposible porque se carecía de todos los elementos físicos para realizarlo. Los hechos demostraron lo contrario. Cómo es posible que con los medios informativos de que dispone el Estado no se conociesen donde estaban las urnas. El 2-O tuvo que salir del paso con una declaración que nada decía.

No obstante los inconvenientes que para la imagen de España pudo tener el falso referendo, si no hubiese sido posible realizarlo, el procés habría quedado simplemente frenado. Algo parecido habría ocurrido si Puigdemont hubiese cedido a la presión de convocar elecciones, en lo que tanto interés mostró el PSC y el PNV. Es cierto que la declaración de independencia no se hubiese producido. Las cosas quedarían como estaban. Al extremo a que había llegado la situación, la aplicación del 155 ha resultado esclarecedora. Una vacuna que va a inmunizar de momento otra tentativa independentista cualquiera que sea el resultado del 21D.

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