Zascas


Los seguidores de la telecomedia The Big Bang Theory han podido escuchar más de una vez al inefable Sheldon Cooper exclamar, tras lanzar un viaje verbal a alguno de sus amigos o hacerle una de las suyas: «¡Zas en toda la boca!». En la versión original, lo que dice es «bazinga», sin tradición en el inglés y sin un equivalente claro en español, hasta que al traductor de los diálogos se le ocurrió el zas en toda la boca que ya se empleaba por aquí, alternando con la variante zasca en toda la boca

Para imitar el sonido de un golpe o el golpe mismo, en español se emplea al menos desde el siglo XVII la interjección zas. La utilizó don Quijote para explicar cómo había vencido al gigante: «De un revés, ¡zas!, le derribé la cabeza en el suelo». El Diccionario de autoridades (1739) sitúa zas como origen de zascandil, «voz, con que se significa el golpe repentino, o acción impensada, y pronta, o sin reflexión, tomada la alusión del golpe, y ruido, que ocasiona el candil cuando se cae». Con ese significado ha caído en desuso.

Con el mismo sentido que zas surgió el hoy omnipresente zasca. Inicialmente se empleó solo como interjección, a veces en la frase ya mencionada zasca en toda la boca, aunque actualmente se usa también como sustantivo, que da nombre a una réplica mordaz, una respuesta ingeniosa, rápida y a veces ofensiva. Un ejemplo, tomado de un debate en el que participaban el exministro García-Margallo y Ramón Cotarelo: «Yo luché contra Franco. No sé dónde estaba usted», dijo el primero. A lo que el politólogo y escritor contestó: «Yo, en la cárcel».

El zasca ha sustituido al argumento en el debate político. A diario vemos cómo las intervenciones en una sesión parlamentaria se reducen a sucesiones de zascas. Ocurre otro tanto cuando los políticos se ven delante de un micrófono. Lo importante es la victoria fugaz sobre el adversario, mostrar una lengua más afilada.

El nivel de uso de zasca es tal que la Academia ya estudia su incorporación al Diccionario. Mientras tanto, en las redes sociales y en los titulares de los periódicos se suceden los zascas, como el provocado por un personaje pretendidamente guapo que vive de mostrar en televisión músculos y tatuajes: «Señor -escribió en un tuit de ortografía perversa-, perdóname x romper miles d parejas al año, perdóname x hacer sufrir a mis enemigos con mis logros, perdóname x la envidia q genero...». La respuesta de Dios no se hizo esperar: «Perdóname tú por no haberte puesto cerebro». ¡Zasca en toda la boca!

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