De la cobardía a la ceguera


Cualquiera que estos días haya seguido las andanzas de Puigdemont y los suyos habrá visto cómo han pasado de la cobardía a la ceguera.

Porque de cobardes fue la intervención de Puigdemont en el Parlament el 10 de octubre en la que proclamó la independencia durante 38 segundos para después suspenderla. Cobardía es que Puigdemont no convocase elecciones porque no le garantizaron que su pellejo y el de su gobierno quedaba a salvo. Poco le importó jugarse el autogobierno de Cataluña frente a un Gobierno central que ha sido duro y expeditivo en la aplicación del 155. De poco valientes es defender la declaración de independencia en las escaleras del Parlamento, jaleado por los suyos, en lugar de hacerlo en el hemiciclo, donde está la oposición. Pero la mayor de las cobardías ha sido pretender sacar adelante la independencia votando en secreto para no asumir la responsabilidad de sus actos. Al final, los implicados no están dispuestos ni a ir a la cárcel ni a jugarse su patrimonio, ni siquiera por esa causa que dicen defender y que es «separarse de un país que humilla y ahoga».

La cobardía se tornó ayer ceguera, quizás por desesperación. La que demostró Puigdemont cuando salió en TV3 a pedir a los catalanes que «sigan luchando por un país libre» cuando ayer la vida seguía en Cataluña, en libertad, como cualquier otro sábado. Ceguera por no querer ver que está todo perdido, que Rajoy ha jugado más fuerte de lo que nadie hubiera imaginado y que no les va a dar ni agua. Ceguera por no querer ver que la burbuja está pinchada porque incluso los altos cargos de la Generalitat están empezando a asumir sin rechistar las destituciones.

Es hora ya de que Puigdemont y compañía abran los ojos, reúnan valor y salgan al balcón a decirles a los miles de catalanes a los que ilusionaron con la independencia, que la república es inviable, que en realidad siempre lo fue. Que hay que retomar la convivencia y que hay que ir a votar. Y que si el gobierno que sale de esas urnas tiene algún sueño, sea la independencia u otro, ya sabe que tendrá que trabajar por él siempre con la ley de su parte.

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