Poca gracia


Apenas se cuentan ya en la tele chistes breves del género clásico, como aquellas ocurrencias memorables de un ilustre humorista, catalán para más señas, que empezaban con el latiguillo de «saben aquel que diu». Ahora la tendencia es el monólogo. A los monologuistas televisivos se les puso estos días un rictus tenso, como el del mítico Eugenio, para comparecer en medio del desastre y erigirse en mediadores por la vía del humor.

A veces hace falta ponerse un poco serio para poder seguir riendo el resto del tiempo, había advertido Andreu Buenafuente hace un par de semanas, cuando las calamidades se divisaban en el horizonte. Al presentador de Late Motiv lo apartó esta semana de la circulación una enfermedad y varios cómicos se turnaron para relevarlo. Uno de ellos fue Berto Romero, que convirtió en viral un discurso donde comparaba los enroques políticos con rabietas de niños y definía la violencia como «el último recurso de los incompetentes». No era el Berto de siempre y, cuando acabó, se hizo un breve silencio antes del aplauso. El intermedio vivió también jornadas tirantes y atípicas. Wyoming ofreció su versión del discurso del rey al grito de «Visca España, viva Cataluña», animando a la gente a no depositar toda la responsabilidad en los gobernantes. Hasta Pablo Motos cambió de registro por un día para llamar al miedo por su nombre.

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