No se puede jugar a dos bandas, señor Sánchez


Como preámbulo, y para no crear ningún tipo de confusión, confieso lo que desde hace meses he escrito sobre Pedro Sánchez: creo que es lo peor que le ha pasado al PSOE. Sin embargo, mis palabras caen en saco roto. Sánchez ha sido elegido de forma masiva por los militantes del socialismo español y gallego. Y al socialismo español y gallego poco le importa lo que piense un gacetillero provinciano como yo. No obstante voy a repetirlo, por si hay alguien en el socialismo que considere oportuno dar un paso al frente, o atrás, o al lado, como Piqué, para significar que lo que ha hecho Sánchez con el desafío catalán (la infamia, titulaba La Voz con toda la razón) es un acto traidor y cobarde. Si Sánchez fuese otro, desde el primer momento se posicionaría al lado de España, aunque remarcase que no es lo mismo estar al lado de España que al del Gobierno. Resaltaría que en este momento crucial de nuestra historia lo que importa es el futuro y el resto son elucubraciones de carácter personal, interesado, y concomitantes a la destrucción del Estado, del Estado de derecho y del Estado de bienestar. Pero ha preferido cumplir su papel: no es no. Y en su no lleva escrito la defenestración de lo que somos. De estos cuarenta años de progreso a los que tanto ha contribuido el partido que él ahora comanda.

Ahora le pide a Rajoy que dialogue con Puigdemont. ¿Pero dialogar sobre qué?

Ayer le escribía a mi admirado amigo el profesor Barreiro Rivas, que como Blanco Valdés o tantos otros hemos escrito a favor de que se aplique la ley, el 155 o lo que sea necesario. Le decía que Sánchez era parte del problema, no de la solución. Que si esto hubiese sucedido en Alemania (algo imposible, porque allí se defienden la Constitución y la nación) se hubiese llegado de inmediato a una resolución lógica: una gran coalición en contra de un golpe de Estado humillante. Una coalición en contra de la demagogia huera que pretende destrozar lo que entre todos hemos creado. Pero Sánchez va a lo suyo: ser presidente. Le importa poco el precio a pagar. Es su carrera. Y en ese delirio se ha llevado al PSOE, democráticamente ha vapuleado a Susana Díaz, al aparato y cualquier otra sospecha de concordia. Por eso mantiene una postura ambigua y no contundente a favor de todos: este país fabuloso, pese a tanto. Felipe González dijo hace días que él ya hubiese aplicado el 155. Los complejos no se lo han permitido al PP. Y por eso hemos llegado hasta aquí. Mientras ayer se reunían socialistas y populares, yo pensaba que en este país falta sinceridad y compromiso. Con la verdad, únicamente. Y en contra de esta farsa masiva, este pincel de vergüenza con el que algunos visionarios están queriendo pintar España. Cuánto lo lamento. Y cuánto me gustaría pensar algo distinto de lo que pienso de Sánchez. Se lo dije ayer al maestro Barreiro: él es parte del problema, no de la solución. No se puede jugar a dos bandas. ¿No siente usted pudor, señor Sánchez?

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