El sentidiño se impone al seny


Hubo un tiempo en el que se miraba hacia lo catalán con cierta admiración. Incluso con envidia. El seny era una palabra mágica. Ya podíamos tener todo el sentido común del mundo, que si no éramos catalanes jamás alcanzaríamos la excelencia del seny. Y gracias a tal característica existían personajes como Jordi Pujol, a quien considerábamos hombre de Estado porque con sus acuerdos beneficiaba a Cataluña recaudando millonadas con las concesiones del Gobierno, al mismo tiempo que el honorable ayudaba a la gobernabilidad del país. Gracias al seny

Veíamos a los catalanes como gente pragmática, muy inteligente y con una capacidad para los negocios fuera de lo común. «La pela es la pela». Cataluña era para todos un ejemplo de sociedad desarrollada. De alguna forma, ellos eran lo que todos queríamos ser en el futuro.

Hoy el mito se ha derrumbado a golpe de independentismo. Y la estupidez suprema ha destrozado el seny y puesto en valor el sentidiño gallego, nunca suficientemente valorado. Los Pujol ya no son hombres de Estado, sino cuatreros de tres al cuarto que saquearon a cuatro manos mientras se envolvían en una señera. Parece que la inteligencia ha comenzado a evaporarse en una sociedad que es capaz de suicidarse día a día con un entusiasmo digno de un análisis psiquiátrico. El último episodio es el ataque al turismo que se está produciendo especialmente en Barcelona. «El turismo mata». 

Este sector constituye el 12 por ciento del PIB catalán. El pasado año una cuarta parte de los extranjeros que visitaron España lo hicieron en tierras catalanas. Más de 18 millones de foráneos decidieron descansar en alguna de sus cuatro provincias. Y según los datos facilitados ayer mismo por el Instituto Nacional de Estadística, Cataluña se ha beneficiado en más de 8.000 millones de euros con el gasto que los turistas extranjeros realizaron en los primeros seis meses de este año. A todo ello hay que sumar los españoles, que no son pocos. La industria turística catalana emplea alrededor de 400.000 personas de media, lo que representa aproximadamente el 13 % del total de trabajadores de su economía.

Mientras, en Galicia, las cifras absolutas son mucho más modestas que en Cataluña. Pero el sector tiene igualmente un gran peso, representando el 11 % del PIB. Afortunadamente, aquí no le ha dado a nadie por insultar a los visitantes, sino todo lo contrario. Parecía que no llegaría nunca ese día, pero el sentidiño se impone al seny por goleada.

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