Las dos Españas de hoy


La Guerra Civil trazó la frontera entre las dos Españas machadianas. La Gran Recesión y las obscenas políticas adoptadas para combatirla han creado una nueva y brutal división. De un lado, la España de los hijos: la del trabajo escaso, la precariedad laboral y el salario paupérrimo. De otro lado, la España en vía de extinción: la del trabajo estable y el salario decente. La Encuesta Anual de Estructura Salarial, referida al año 2015 y publicada días atrás por el INE, dibuja con nitidez las dos nuevas Españas. Una de las dos -¿adivinan cuál?- ha de helarnos el bolsillo y jorobarnos la vida.

La zona nacional en expansión está poblada de brazos y cerebros jóvenes, o que eran jóvenes cuando iniciaron la travesía del desierto: menores hoy de cuarenta años. La zona republicana está habitada por trabajadores veteranos en retirada, que conocieron tiempos mejores y ahora sueñan con alcanzar su pensión, aunque el reino escindido tenga que endeudarse para abonarla. Quizás algunos, los que están más próximos al objetivo, logren atravesar la meta antes de que el modelo depredador arrase su territorio.

Las condiciones de vida en las dos zonas son radicalmente distintas. El salario medio supera los 23.000 euros brutos al año, pero esa cifra suena a música celestial en los oídos de la España joven. Los sueldos en esta zona se quedan a un 3 % de la media en el mejor de los casos -asalariados de 35 a 39 años-, o se reducen a menos de la mitad -los trabajadores de 20 a 24 años ganan en promedio 11.228 euros brutos- en el otro extremo de la horquilla. Por si fuera poco, se trata de retribuciones menguantes: en el año 2015 bajaron los salarios en todos los tramos de edades comprendidas entre los 16 y los 40 años, mientras se mantenían o subían ligeramente en la zona de los mayores.

Trabajo peor remunerado y trabajo más escaso. La tasa de paro supera el 22 % en la España que viene y baja del 17 % en la España que se va. Trabajo escaso y a cuentagotas: predominan en la zona juvenil los contratos a tiempo parcial y con duración determinada. En realidad hay algo peor que ser joven en esta España nuestra: ser joven y ser mujer. Las mujeres ganan un 23 % menos que los hombres. O todavía peor: ser joven, ser mujer y ser gallega. Extremadura, Canarias y Galicia tienen los salarios medios más bajos del territorio español. O el colmo de males: ser joven, ser mujer, ser gallega y trabajar de camarera. Los sueldos en la hostelería, escudo blasonado del potente sector del turismo nacional, son casi un 40 % inferiores a la media.

Así las cosas, resultan difícilmente comprensibles las fanfarrias oficiales que anuncian la recuperación económica y la revisión de las previsiones de crecimiento. Sorprende igualmente que no se escuchen voces que aboguen por la política de reconciliación nacional y la superación de las dos Españas. Y llama finalmente la atención que aún haya quien se asombre porque en la España de los jóvenes, la del trabajo escaso y el salario cicatero, se rechace el sistema. ¿Qué quieren? ¿Que les aplaudan mientras los apalean?

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