El orgullo y Bartleby, el escribiente

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

03 jul 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Uno de los maestros, Herman Melville, escribió el cuento que titula esta columna circunstancial. Y digo circunstancial porque responde a las circunstancias del presente: pesarosas. Mi pesar proviene del hecho de pensar (pesar y pensar solo se diferencian en una letra). Si uno no piensa es mucho más feliz. Es una verdad que sostengo desde mi primera novela: O infortunio da soidade. Es la soledad un infortunio, ciertamente. Y me siento tan solo que no me extrañaría que se me cayera el mundo encima, y su corrección política, por decir lo que pretendo. Este es el epítome: España, y el mundo de las ideas, se ha ido al garete. Y no hay solución.

El principal culpable de la destrucción ideológica de este país es el inventor de la Educación para la Ciudadanía, el que destrozó más empleo y caudal público que ninguno de los presidentes de nuestra historia (desde los Reyes Católicos): Rodríguez Zapatero. Y hablando de Isabel y Fernando, los que unieron esta España desunida, quiero recordar una de esas preguntas que el régimen zapaterista incluyó en sus libros: «¿Crees que eran tolerantes los Reyes Católicos?». Por supuesto que no lo eran. Como no lo eran sus coetáneos. Pero descontextualizando la pregunta el alumno llega a la conclusión de que los Católicos eran unos fascistas, cuando el fascismo no existía, y que todo lo que tiene que ver con el catolicismo y con la unidad de España linda con los acólitos de Mussolini. Es un ejemplo, nada más. Podría escribir cientos. Pero ninguno tan palpable como el que España ha vivido la pasada semana y que llegó a su cúspide con el desfile del orgullo presidido por todos los partidos políticos, PP incluido.

Imagino que a estas alturas no tendría que justificarme. Pero lo hago. A finales de los setenta, cuando ser homosexual estaba perseguido, yo vivía en Benidorm con amigos homosexuales. Transexuales, también. Fueron mis colegas de noche y farándula, lecturas y diatribas, algunos lo son todavía. Hoy tengo nuevos conocidos con idéntica condición sexual. Me respetan y los respeto. Pido para ellos todos los derechos y en todos los ámbitos. No son ni más ni menos que cualquier otro. Dicho esto, y renegando de quien discrimine a cualquiera por su orientación sexual, añado: lo del orgullo gay se les ha ido de las manos. Porque una cosa es reivindicar o festejar la homosexualidad y otra muy diferente enarbolar la ordinariez más lamentable: ¿Qué piensan algunos homosexuales de la exhibición en tanga? Una cadena de televisión, la creadora de la ideología dominante en la España actual, sobredimensionó durante un mes el encuentro. El mensaje era subliminal: esto es lo bueno, lo demás es malo. Es la correcta ideología. El resto somos como los Reyes Católicos.

Y dicho lo anterior, aclaro el título de Bartleby, que era el personaje de Melville indolente que prefería no hacer nada. O sea, nuestro Rajoy. La ideologización de la nueva España (separatismo, laicismo, neosocialismo, esnobismo, etcétera) es el peor problema al que nos enfrentamos. Lo políticamente correcto deviene en pensamiento único: lo totalitario. Pero el PP, ignoro el motivo, mira para otro lado.