El imperio

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua LA TRAPALLADA

OPINIÓN

Philippe Wojazer | REUTERS

El emperador Zuckerberg publicó ayer el mapa de sus dominios, un planetario en un nocturno color azul oscuro, iluminado solo en aquellos lugares del mundo donde están los dos mil millones de usuarios de Facebook. A pesar de los grandes agujeros que revelan la desigualdad del mundo, económica, política y social -Rusia, oriente medio, China y, por supuesto, África-, el jefe de la mayor red social del mundo anunció que «el mundo es un poco más brillante ahora». Alcanzado el indudable hito, muchos se han lanzado a la carga. No sin razón, han recordado que este nuevo imperio global tiene muchos detalles que pulir, como la publicación de noticias falsas o de vídeos violentos. Hay incluso quien dispara contra el algoritmo que permite que a la gente de derechas le aparezcan más noticias que se ríen de la coleta de Pablo Iglesias y que los facebookeros de izquierdas se rían con los memes de Rajoy. Son debates interesantes. Pero hay otro anterior. ¿En qué momento le cedimos a Facebook la soberanía sobre nuestro ocio? ¿Cuándo decidimos que no hacía falta abrir un periódico para enterarse de lo que pasa en el mundo? ¿Cuándo consideramos que no debíamos pasar ni cinco minutos en la parada del autobús simplemente esperando? ¿Cuándo firmamos que no volveríamos a comer o desayunar solos, en casa o fuera, sino acompañados por lo que sea que venga en el muro? Esa es su conquista.