Españoles, ¡abróchense los cinturones!


Si entendemos que el PSOE es un partido socialdemócrata europeo, y que su crisis tiene las mismas causas y consecuencias que la de sus vecinos (pérdida de identidad ideológica y carencia de programas para gobernar dentro de la UE y la globalización), podemos decir que su 39.º Congreso no sirvió para nada, ya que ninguno de los graves problemas del PSOE fue abordado con la sinceridad, la profundidad y la responsabilidad que el momento necesita.

 Lo que en realidad hicieron los congresistas fue culminar un quiebro estratégico de enorme envergadura, que, lejos de mantener el partido pegado a su condición sistémica, capaz de aportar ideas, alternativas y claridad de conceptos esenciales para el futuro de España, apuesta -de forma obsesiva e inmediata- por desalojar del poder a Rajoy, y por explorar todos los atajos, todas las cesiones y todas las abstracciones conceptuales que puedan llevar a Sánchez a la Moncloa. Lo que propone el nuevo líder como alternativa es un revuelto de setas, grelos, gambas, membrillo y gazpacho que pueda satisfacer a todos los paladares, y que desde ayer se sirve -para más inri- con salsa de plurinacionalidad monosoberana.

Sabiendo que España atraviesa una grave crisis política, y que Sánchez ya ha derrumbado todos los imposibles y todas las advertencias que le hicimos los que nos creíamos más listos que él para poner freno al populismo desbocado y a la pertinaz reducción de España a una entidad magmática cuya historia puede reescribir sin límites cualquier catedrático y cualquier analfabeto, considero muy posible que Sánchez llegue a la Moncloa en un año, si apuesta por una moción de censura, o en tres años si espera por unas elecciones celebradas en medio de la algarada indignada y revanchista que inspira a la mayoría de comentaristas, ideólogos y gestores de la política multinacional y variopinta que ayer abdujo al PSOE.

Todo lo que Sánchez puede progresar desde este 39.º Congreso, que es mucho, depende de su disponibilidad para vender retales de PSOE en los mercadillos ambulantes. Porque, aunque sea él quien presida la Junta de Disolución Nacional (JDN) que se está preparando, será imposible que el PSOE saque su cabeza, prudencia y sentido de Estado por encima del tsunami de populismo que Sánchez e Iglesias precisan desencadenar para derribar el Gobierno, y para sentarse a descuartizar los conceptos de gobernabilidad, patria e identidad desde el complejo confederal de la Moncloa.

Y no me alegra nada que Rajoy sea la única esperanza de que este país no entre en la dinámica de degradación en la que tantos países (nosotros también) nos hundimos otras veces. Porque Rajoy, si solo depende de sí mismo, no puede durar mucho. Y eso, que Iglesias ya sabe desde hace años, lo aprendió también Sánchez, que ayer apostó todo su liderazgo -escuela PPO- a esta única carta.

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Españoles, ¡abróchense los cinturones!