Más racionamiento


Economista y experto en demografía

El Banco de España alerta sobre las pensiones y la sanidad en su último informe anual. Lleva una década sin atinar y persevera. Diagnostica, pero yerra en las terapias. Prescribe racionamiento cuando se precisa regeneración. Aconseja recortes cuando es indispensable contención, sí, pero sobre todo más ingresos. Nos dice: «El eje central de las prioridades de la política económica a más largo plazo debe venir dado por la necesidad de abordar los efectos de una serie de factores que limitan el crecimiento, entre los que destacan el elevado desempleo estructural, el envejecimiento de la población y el reducido nivel de productividad».

Si desde los 80 padecemos el paro estructural más alto de Europa es por la baja productividad, que es baja aun trabajando más horas que los alemanes a causa de nuestro penoso sistema educativo, que invirtiendo incluso más por alumno que muchos países exitosos, obtiene unos patéticos resultados académicos. Si la España meridional es campeona del abandono escolar y del paro, pese a producir al tiempo sobrados titulados universitarios, y lleva 30 años así, algo tendrá que ver. Y con esto no disculpo a la España septentrional. Lo del tuerto en el país de los ciegos no es consuelo.

Sobre el envejecimiento ¿qué nos dice el Banco de España? Nada. Solo cuidados paliativos, pero eso sí, racionándolos. Si la pensión media redondeada es de unos 900 euros mensuales, el Banco avisa que debe ir conteniéndose y perder más valor adquisitivo por la vía de la erosión de la inflación. Esto ya lo sabemos porque está pactado con los prestamistas de la UE -y menos mal que nos prestan, porque las soluciones bolivarianas serían catastróficas-. Pero los cuidados paliativos no curan. No me cansaré de advertirlo: las consecuencias económicas del envejecimiento demográfico no se solventan poniendo a los ancianos a trabajar o racionando las prestaciones por las que han pagado durante toda su vida. La única salida, entérense, es rejuvenecer nuestra población, y a poder ser capitalizándola más y mejor en su faceta intelectual. Para entendernos, la única solución es tener más niños y mejor educados en lo que precisa cualquier economía desarrollada.

El liderazgo exige visión y coraje. Requiere decir lo que el pueblo no quiere oír. Amarlo no es contarle lo que desea escuchar. Eso sí, el buen líder no impone racionamiento de pan y agua, para luego reservarse delicatesen. Que España va mal a medio y largo plazo lo ve hasta el más miope de los analistas externos. Por eso duele que el Banco de España, que no se presenta a las elecciones y que no tiene que halagar a nadie, asuma que nuestro ultraenvejecimiento es algo irreversible, por lo que solo cabe administrar la miseria. Me niego. Como el justo conspirador Von Boesalager asumo su lema: et si omnes, ego non. Muchos economistas aceptan ese lúgubre e inmediato futuro. Este de infantería, jamás. 

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