Nadie muere como Echanove


Los espectadores queríamos un final digno para Miguel Alcántara, una despedida enorme para su personaje y se la ha dado, como no podía ser de otra manera, Juan Echanove. Qué actorazo, qué desgarro, qué desnuda forma de hacernos llanto, y qué tránsito tan teatral. La muerte de Miguel Alcántara (convertido en este gran final en Juan Echanove) ha sido de una pureza tal que el público no ha podido más que rendirse a un actor que desde ya echaremos de menos en esta serie, capaz de batir todos los récords y rehacerse enigmáticamente, con las mismas claves de la vida misma. Con los giros inesperados y la violencia del dolor contenido, así ha sido la escena -muy buñueliana- de la despedida de Miguel en su Sagrillas natal, en la soledad de un campo abierto, pegado a una roca y en silencio. Solo la música de fondo y los ojos abiertos de muerte han hecho de este momento televisivo uno de los más grandes de los últimos tiempos, también por ese «no me jodas, Miguel; no me jodas» de Antonio, arrodillado, roto como solo se rompe un hermano. Verlos a los dos, a Antonio y a Miguel, a Imanol y a Juan, en la intimidad de ese dramático final ha conseguido aliviarnos con la emoción de las lágrimas y nos ha permitido perdonar a Cuéntame que haya dejado escapar para siempre a Miguelón. Miguel Alcántara ha muerto, viva Juan Echanove.

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