¿Cómo andamos?


En un ayuntamiento cántabro se han celebrado unas oposiciones para cubrir puestos de barrendero. Los 1.470 candidatos a las 24 plazas debieron someterse a unas pruebas sobre diez temas. Mientras algunos de estos parecían los idóneos para conocer las aptitudes profesionales de los examinandos -procedimientos y utensilios de limpieza, sistemas de barrido...-, otros trataban sobre el conocimiento de la Constitución, el municipio, los deberes de los empleados públicos... y competencias matemáticas y lingüísticas básicas. Hay que subrayar lo de básicas, pues al fin y al cabo la función de quienes aprobasen iba a ser limpiar las calles y no desarrollar teoremas o escribir ensayos. 

Pues bien, en uno de estos test se planteaba lo siguiente: «La primera persona del singular del pretérito anterior del verbo andar es: a) Yo andé. b) Yo andaba. c) Yo anduve. d) Yo andaría». Según se cuenta, la respuesta que se dio como correcta fue la c, yo anduve, que corresponde al pretérito perfecto simple, pretérito indefinido para los más veteranos. El pretérito anterior, por el que se preguntaba, no estaba entre las respuestas que se ofrecían: hube andado. 

Andar es un verbo irregular. Hoy se consideran correctas las formas con la raíz anduv- del pretérito perfecto simple (anduve), pretérito imperfecto de subjuntivo (anduviera o anduviese) y futuro de subjuntivo (anduviere). La norma culta rechaza andé, andara, andare..., que ya se empleaban cuando el español aún estaba en plena gestación: «Los ereges Arrianos andaron siguiendo all emperador Costantino», escribió Alfonso X hacia 1270 en su Estoria de Espanna

La irregularidad del verbo andar ha sido causa de muchas desgracias, incluso en personas con estudios, como muestra esta historia, seguramente ya conocida por muchos lectores: Un joven coadjutor, a cuyo lado se sentaba el párroco, explicaba en el sermón dominical la historia de Lázaro de Betania. «Cuando Jesús le dijo “Levántate y anda”, Lázaro se levantó y andó». El párroco, perro viejo, cazó al vuelo la metedura de pata y lo corrigió por lo bajo: «Anduvo, jodido, anduvo». Más rápido de reflejos que consciente de su error, el curita recompuso la prédica: «Bueno, andó jodido durante un tiempo, pero después ya andó bien». 

Anden en oposiciones o en otras historias, anden con cuidado, que esto está lleno de peligros.

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