El espejo americano


En una nueva lección de democracia, el Departamento de Justicia eligió ayer al respetado Robert Mueller, que dirigió el FBI del 2001 al 2013, para investigar la trama rusa. El presidente Trump, que no las debe de tener todas consigo, se ha puesto de los nervios lanzando todo tipo de improperios por la caza a la que se le somete. Pero, eso sí, acata el nombramiento como acatará los resultados de la investigación. 

Las sospechas de irregularidades o delitos se solventan en Norteamérica investigándolas. En España, negándolas. Nos habituamos ya a que nos nieguen incluso lo que muestran las grabaciones. Lo empezaron a hacer con el caso Flick y lo siguen haciendo con la Lezo.

¿Nos imaginamos aquí una investigación al presidente del Gobierno? No soñemos. ¿Están las instituciones norteamericanas en una situación de desprestigio tan profundo como las españolas? No lo creemos. Cierto es que desde su llegada, Trump se encarga de darles un bofetón cada mañana; pero las nuestras, de forma especial la Justicia, están siendo vapuleadas desde los poderes hasta grados insospechados.

A quienes desde hace tiempo dedican sus esfuerzos a descalificar, controlar y destrozar cualquier prueba en su contra, les convendría mirarse en el modelo norteamericano. Ese que muestra que en una democracia nada es intocable. Pero, por lo visto, les agrada más el venezolano.

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