Ignorar a la víctima, proteger al verdugo

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

06 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue un abrir y cerrar de ojos. Lo publicó La Voz de Galicia hace un mes y a los pocos minutos ya estaban las televisiones y otros medios de comunicación interesándose por el asunto. Contaba La Voz que una mujer mayor, Guadalupe, había sido atacada repetidamente por unos vándalos. Son los mismos que tienen el casco viejo de Verín patas arriba ante la desidia absoluta de las autoridades. Después del carnaval, más.

Los mismos que pintan las fachadas, rompen el mobiliario urbano, destrozan la escultura del símbolo de Verín (el cigarrón), llenan las calles de cristales rotos, despiertan con su ensordecedor alboroto a los vecinos o amedrentan a los viandantes. Esto lo sabían las autoridades municipales porque hace pocas semanas se presentó un escrito demandando mayor seguridad, cámaras de vigilancia, medidas que espanten a los que impunemente han convertido una zona hermosa en un campo de batalla perpetuo. No hicieron ni caso: la corrección política impide acosar al delincuente. Hasta que todos los medios de comunicación contaron el caso de Guadalupe y la situación infame del casco viejo verinés.

No es el único lugar donde sucede esto. La bulla o la trifulca se han apoderado de muchas zonas de las ciudades gallegas. Y no pasa nada. La abulia de las autoridades es vejatoria para los que sufren estas atrocidades. Una mañana apareció la fachada de un edificio completamente pintada y a aguantar, son los tiempos. Otra le destrozan la nariz al cigarrón, y a aguantar, son los tiempos. Otra rompen botellas contra una fachada, y a aguantar, son los tiempos. Otra deterioran un portal por segunda vez, voy a denunciarlo a la Guardia Civil, pago los desperfectos y a aguantar, son los tiempos.

Cómo hemos llegado hasta aquí. Cómo estamos tan protegidos en algunos aspectos, y en otros permanecemos al albur de las circunstancias. Yo daré un motivo: se perpetran algunas brutalidades con total impunidad. Mi Verín, aunque no es el único lugar, se ha convertido en pasto de los energúmenos, desvergonzados y malhechores. Son pocos, seguramente, pero los suficientes para atemorizar al resto. En el Carnaval, las calles adyacentes a la plaza Mayor, a pesar de la instalación de váteres portátiles, fueron las letrinas públicas y el dispensario de todo tipo de sustancias. Es el Salvaje Oeste, pero el sheriff no aparece. El sheriff está a otras cosas. A las estadísticas, que curiosamente ofrecen datos tranquilizadores. Poca delincuencia, dicen. Falso, digo yo. Pocas denuncias, que no es lo mismo.

Y así seguiremos. Porque vivimos en una sociedad que protege al delincuente hasta la extenuación, no sea que te señalen por plantarles cara, y se ignora a las víctimas. Es el mundo imperfecto que hemos construido entre todos. Estamos a tiempo de rectificar. La pregunta es si la corrección política podrá permitirlo.