Evo Morales, el dios y el hombre

Nelson Rivera CAMPO DE PRUEBAS

OPINIÓN

01 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Durante el acto, Evo Morales lloró. Luego de pronunciar un corto discurso, que incluyó una de sus frases predilectas -«ahora Bolivia tiene dignidad»-, volvió a su silla. Ya sentado, amplios los gestos, pasó las manos por su cara, como si sus lágrimas fuesen un fluido para untarse. Inauguraba el Museo de la Revolución Democrática y Cultural de Orinoca, el pasado 2 de febrero. 

La del museo fue vertiginoso: Morales comenzó su primera presidencia en enero del 2006. En junio, uno de sus ministros dijo que Evo merecía un homenaje del país. En julio, Evo ordenó la construcción del museo: casi 8 millones de dólares, para un edificio de casi 11.000 metros cuadrados. El museo más moderno de América Latina.

De La Paz a Oruro, el viajero necesita tres horas para cruzar los casi 230 kilómetros que van de una a otra. Luego, tres horas más para ir de Oruro a Orinoca, poblado de 600 habitantes, donde nació Evo. En la aldea impera la precariedad: el 90 % vive en pobreza extrema. Orinoca: un centenar de chozas miserables, el edificio de casi 8 millones de dólares y la casa donde nació Evo, que fue declarada -por él mismo- monumento nacional el mismo 2006.

Evo Morales es la política pública más consistente del Gobierno de Evo Morales. La vestimenta que llevaba el día que asumió el poder fue declarada patrimonio nacional de Bolivia. Un libro para niños, editado por el Ministerio de Comunicaciones, lleva por título, Las aventuras de Evito, e incluye dos relatos: Evito va a la escuela y Evito juega fútbol. Otra iniciativa del mencionado ministerio: un libro que contiene varias decenas de poemas escritos por estudiantes y docentes, en homenaje a Evo. Un grupo de oficiales del Ejército compuso un himno en homenaje a Evo, que estuvo a punto de ser decretado como pieza oficial, de no ser por la categórica respuesta de la sociedad, que rechazó la iniciativa. El comandante del Ejército tuvo que declarar que tal himno no era obligatorio.

Pero entremos al museo, donde se exhiben casi 16.000 objetos: 13.000 de ellos, los regalos que ha recibido Evo, además de miles de fotos de Evo, sus camisetas de fútbol y cuadernos escolares, sus ropajes y una escultura de Evo, tamaño natural.

De forma simultánea, una campaña en las aldeas indígenas intenta sugerir que el museo es un lugar sagrado. Como si fuesen simples espontáneos, algunos indígenas declaran que Evo es un dios. Una operación comunicacional se propone alimentar la percepción de que Evo es más que un hombre: que la escultura tamaño natural ante la que Evo se detiene representa a la época en que Evo era un hombre, y que el hombre, todavía presidente, que la observa con deleite, es un dios vivo, el dios Evo, y que cuando llora, son las lágrimas de Dios las que ruedan por sus mejillas.