Algo está cambiando

Abel B. VEiga EN VIVO

OPINIÓN

15 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Dejemos hacer a la Justicia. Como siempre ha debido ser. Justicia y verdad. Responsabilidad y culpabilidad. Pero cuidado con las penas de banquillo pasajeras y mediáticas. No confundamos ruido y distracción. Tampoco queramos encontrar inmediatamente cabezas de turco. Cada uno debe responder por sus acciones, omisiones y decisiones. Culpas ajenas siempre ha sido un bálsamo que ha funcionado a la perfección en este país polvoriento y alérgico a las responsabilidades, cainita en moral hasta los tuétanos y dado más a la media mentira que a la verdad siquiera parcial.

Saber qué sucedió durante la crisis financiera, cómo sucedió y por qué es clave. Pero también lo es saber manejar el bisturí que deslinde con claridad y precisión la responsabilidad, que cada uno debe asumir. Y si la hubiere de algún alto organismo supervisor del Estado, como el Banco de España, se abre la puerta a una responsabilidad civil de este.

Pero no nos apresuremos. La precipitación es tan mala consejera como la improvisación. Y en este país se improvisa mucho, se calcula menos y se es prudente ínfimamente. Ya no es tiempo de arrogancias ni de vehemencias, ni de sentirse una élite superior a los demás. Cada uno debe saber el lugar que ocupa, el puesto que desempeña y la responsabilidad que asume. Desde funcionarios a laborales, desde dedazos a altos cargos designados a veces más por la afinidad y la pasividad que por la destreza, competencia y algo que falta en este solar patrio: el criterio.

Algo ha fallado, o falla, en este país si el papel, función y competencia de organismos supervisores se pone en cuestión. Algo se desmorona. Y hemos visto cómo en los últimos años no ha quedado institución a salvo en España que no haya visto cuestionada su actuación, su honestidad y su profesionalidad. Tampoco su imparcialidad. Más allá de las formas, de correos electrónicos, de avisos y de sospechas, hay que esclarecer absolutamente todas y cada una de las actuaciones y decisiones (individuales y colegiadas), pero también el papel que algunos organismos han desempeñado durante la crisis financiera, y máxime de entidades como las cajas de ahorros.

Pero cuidado con abrir una caza sin límite. El daño aún puede ser peor. No olvidemos que más allá de la responsabilidad o no de un organismo como el Banco de España, que hay que aclarar y probar, está la de un consejo de administración de una entidad que se aventuró a lo que se aventuró y edificó los instrumentos jurídicos y económicos que llevaron la situación adonde la llevaron.

Cobrar piezas mayores en cazas de brujas tiene también sus riesgos.