España «first»


Vamos hacia sociedades fracturadas en mitades irreconciliables y al colapso de un sistema de partidos en el que se cuelan populismos de nuevo cuño que se mueven mejor en la fractura que en la cohesión. En el caso norteamericano, Donald Trump aparece como el puente creado por la extrema derecha (Alt-Right) para facilitar su propio acceso al poder en una próxima etapa. Su falta de pasado político, sus condiciones para manejarse mediáticamente con una imagen inconfundible y un comportamiento excéntrico, lo convierten en el intermediario adecuado para el cambio de era. Ese cambio se anuncia en Europa con la previsible irrupción de alternativas de nacionalismos de extrema derecha y ya vive en países orientales que fracasaron en su viaje a ninguna parte hacia democracias homologables, incluyendo en el paquete a Turquía o Rusia. Por otra parte, el modelo Trump no es tan nuevo; America first fue el lema de los contrarios a que EE.UU. entrase en la Segunda Guerra Mundial, antisemitas y filonazis.

Puede que Trump sea tan solo un episodio, pero pasará a la historia por marcar el auténtico cambio de siglo que convertirá al XXI en el de la economía especulativa y el poder financiero al mando de la nave. El neoliberalismo toma el relevo y se pone el traje del Estado nación, para desprenderse de las cautelas y frenos que la política multilateral impone en el escenario global. Marine Le Pen, Geert Wilders, Heinz-Christian Strache, candidatos de la ultraderecha en las próximas elecciones en territorio europeo, y la ya primera ministra británica, Theresa May, son a priori las caras y las políticas que traerán proyectos semejantes que podrían dinamitar la frágil estructura de la Unión. Con Europa desmantelada, Turquía y Rusia como aliados, China en el objetivo y el mundo árabe como escenario de conflicto, se dibuja un panorama en el que las relaciones bilaterales vuelven a tomar un protagonismo abandonado tras la Segunda Guerra Mundial.

España tendrá que reconsiderar su estrategia en materia de política exterior, de seguridad y de defensa. Hasta ahora hemos ido de la mano de la UE, sin considerar prioritarias las relaciones con EE.UU., siempre por detrás de la Unión, el Mediterráneo y América Latina, por ese orden. Tenemos la obligación de colaborar para reforzar las capacidades de Europa, pero ello no debería hacer olvidar que las bases de Rota y Morón están en territorio español y son el puente norteamericano para intervenir en el Mediterráneo y norte de África. La pérdida de peso específico de Polonia como frontera con la Europa del Este por la posible alianza de EE.UU. con Rusia, junto a la inestabilidad creciente en nuestros vecinos, debieran ser argumentos a tener en cuenta a la hora de poner en valor nuestro enclave geoestratégico. En la política española no hay demasiado optimismo para el consenso, pero en este asunto el acuerdo se presenta como algo imperativo. Es de vital importancia tomar la iniciativa.

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