La tragedia del coro del Ejército ruso hundido en las frías aguas del mar Negro el día de Navidad, cuando volaban hacia una base aérea militar en Siria para alegrar a los soldados allí destacados, produce una profunda tristeza. Fue ese coro famoso en todo el mundo, del que tuve la oportunidad de oír sus melancólicas canciones rusas en el Auditorio de Madrid, el que me dejó una huella que no se puede olvidar. Pero lo que más me impresiona es hoy escuchar en Internet al cantante solista Vladislav Golikov interpretando una jota tan española como La Dolores, que ponía la carne de gallina. Es curioso que en estos días de fin de año los medios recuerdan a otros dos cantantes muy famosos, mundialmente reconocidos: Leonard Cohen, muerto a los 82 años, antiguo premio Príncipe de Asturias; y George Michael, que falleció a los 53 años, con más de 100 millones de discos vendidos, y que tenía una canción muy apropiada, Last Christmas, para dejar este mundo. Tres cantantes famosos, cada uno en su campo del arte musical: el joven ruso haciendo patria, el viejo Cohen con su voz melodiosa y profunda, y George Michael, que era capaz de revolucionar a millones de jóvenes. Los tres dejan una huella de sensaciones nostálgicas o sugerentes de impresiones distintas. Los tres murieron con las botas puestas en un año trepidante que menos mal que se está acabando.