¿Es suficiente un estímulo de 52.000 millones?


Ala vista de los riesgos de estancamiento económico asociados a la llamada austeridad expansiva, la Comisión Europea ha propuesto un viraje para el conjunto de los países de euro: aflojar el objetivo de déficit en un 0,5 %. Serían unos 52.000 millones de euros de mayores gastos (por ejemplo, en inversiones públicas), que podrían favorecer el crecimiento económico y el empleo. Un mayor gasto sobre todo por parte de las economías que cerrarán este año 2016 con superávit (como Alemania) y que pueden permitírselo.

Hasta aquí, todo impecable si llegase a ser cierto. Sobre todo en lo que tiene de corregir una política que está causando un gigantesco sufrimiento en amplios sectores sociales. Ciudadanos que se inclinan a pensar que la Unión Europea, y el euro, son algo de lo que escapar; como ya sucedió en el brexit o podría suceder con ultranacionalismos en Francia o la propia Alemania.

Pero ¿es un viraje suficiente? Para valorarlo, se me ocurre hacer una comparación con lo que están haciendo ahora mismo en Estados Unidos, en este año 2016. Un país que está creciendo más que la de la eurozona y que tiene una tasa de paro de la mitad de la que anotamos los diecinueve países que compartimos el euro.

Pues bien, si calculamos la diferencia entre en déficit público previsto en ambos espacios económicos (eurozona y Estados Unidos con datos de Eurostat) para este año 2016, la cifra es de 450.000 millones más en Estados Unidos que en la eurozona. Lo que quiere decir que el estímulo propuesto por la Comisión Europea de 52.000 millones es apenas de la novena parte de lo que sería necesario para imitar la política de no austeridad expansiva norteamericana.

Aun ajustando la cuantía del viraje al menor tamaño de la economía de la eurozona, sería necesario un estímulo de 300.000 millones para igualarnos al que se realiza este año en los Estados Unidos. Es decir, seis veces más de lo que propone la Comisión.

Hacerlo no solo estaría justificado para homologarnos con la política no austericida de los EE.UU., sino también porque el nivel de deuda pública acumulado es inferior en la eurozona (91,6 % del PIB frente a 108,1 % en Estados Unidos). De manera que solo sextuplicando el estímulo propuesto por la Comisión podríamos reducir, sobre todo en el sur de la eurozona, unas depresivas tasas de desempleo y de pobreza.

Siendo para ello necesario que Alemania deje de ejercer lo que algunos denominamos una hegemonía autista: que solo ejerce de acreedor y exportador en la eurozona, acumulando así superávits galopantes. Lo que en su reciente, y muy recomendable libro, La nueva piel del capitalismo (Galaxia Gutenberg) Xosé Carlos Arias y Antón Costas califican como un liderazgo indeseado y cicatero.

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