Dios bendiga América

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

12 nov 2016 . Actualizado a las 10:20 h.

«God bless America» en su versión original, como variante de la frase primigenia que pedía a Dios que salvara América. Y una vez más la alarma europea ha vuelto a sonar tras la victoria Tr(i)umphante del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, victoria que inicia un nuevo tiempo en Europa, y sobre todo en América Latina, de un antiimperialismo que ya considerábamos amortizado y de un populismo, por otra parte, que habíamos falsamente desterrado de la vieja Europa ilustrada que inventó la socialdemocracia y la cultura del bienestar. 

Pero la crisis económica y la hegemonía del capitalismo depredador cabalgó por occidente como un quinto jinete que anunciaba la miseria y el desempleo, la desesperación y el no futuro tantas veces proclamado, y nos castigó con su política de mínimos, con las heridas que provocó la crisis financiera, con la quiebra de los viejos valores de la moral judeocristiana. Y con esos mimbres de la desolación se fue articulando el discurso de Trump, que devolvía la vieja ambición de «América para los americanos».

A Trump lo perdió la boca y la lista Forbes, y Trump ganó por las mismas razones. Denunció imposibles y comprometió ofertas incumplibles, muros que levantan la utopía que soñó el fascismo, falsas teorías obsoletas entre el creacionismo y el negacionismo del cambio climático, xenofobia primaria de un racismo escasamente viable, implantación de una política arancelaria que amenaza la imparable penetración comercial de China, pese a todo propietaria de la deuda externa norteamericana? y así docenas de propuestas más o menos descabelladas que habrá que moderar desde el ejercicio del poder a partir del 20 de enero. Y le votaron los obreros de Waso y los desempleados de costa a costa, los que no tienen esperanza laboral en Detroit o en Chicago, los millennials que tienen entre dieciocho y treinta y cinco años, las mujeres que no se veían reflejadas en el espejo de Hillary Clinton, los treinta y cinco millones de hispanos que piensan que ya no caben más, los afroamericanos, los que antaño disfrutaron viendo El aprendiz, programa profético de la televisión que conducía Donald Trump, y que contribuyó decisivamente a su victoria.

Y nosotros seguimos aplicando la plantilla española para analizar las elecciones presidenciales norteamericanas, con todo el reduccionismo de los todólogos españoles, que menos mal que no tenemos derecho a voto, porque si no barría Hillary, e iniciamos un duelo hipócrita como si se inaugurara el martes el prólogo de la tercera guerra mundial. Y como tras la tempestad dialéctica llega irremediablemente la calma, y los dos grandes partidos de Norteamérica se parecen como dos gotas de agua, el sentido común acercará las posturas divergentes al pragmatismo moderado, aunque la bandera del populismo está ondeando en el Iwo Yima, plantada, clavada por Trump y la añorante Europa de la derecha extrema de Austria, de Marine Le Pen, de Hungría y de las movimientos xenófobos que, como las setas en otoño, surgen por doquier y ya las están desplegando. Dios bendiga América, Dios salve Europa.