O. T.: El Reencuentro


El caso es que me zampé entero el concierto del regreso de Operación triunfo en el Palau San Jordi de Barcelona. En su día también asistí al concierto que dieron en Santiago cuando el fenómeno OT estaba en plena efervescencia. ¿Qué quieren que les diga? Un buen amigo tiene a sorna definirme como un tipo heterodoxo porque me gustan tanto el Fary como Bob Dylan, el concierto para cello de Dvorák como Camilo Sesto y disfruto igual de Billie Holliday que de Nino Bravo.

Operación triunfo fue un fenómeno social muy interesante, primero porque supuso un éxito rotundo para Televisión Española después de haber sido rechazado por todas las cadenas privadas, lo cual demuestra la cuestionable fiabilidad de los expertos en cualquier faceta humana; segundo porque supuso el inicio de un experimento que unía la música, el concurso y el reality show, abriendo la espita a toda la recua de sucedáneos mediocres que vinieron después. Y finalmente, porque los protagonistas eran chicos y chicas normales, nada que ver con el montón de frikis que llenan los programas de corte amarillo en las cadenas y que no tienen otra habilidad que mostrar salvo rarezas, palmitos, tatuajes y lágrimas de celofán. El país entero se podía identificar con alguno de esos muchachos porque cualquiera podía tener a uno de ellos como vecino o compañero de instituto.

En aquel entonces -como siempre pasa cuando se someten a juicio popular cosas así- ganó la más débil. Rosa era una humilde gordita zarabeta fácil de querer y votar porque -en la pelea- siempre apoyamos al más frágil. Era visto que para ella el triunfo sería un fracaso igual que para los más ambiciosos -Chenoa, Bisbal o Bustamante- aquel fracaso sería su éxito.

Pero El reencuentro de OT ha sido un pelotazo: arrasó en el share, llena revistas del corazón enteras y todos los magacines de la tele y la radio hablan de ellos, solo que en esta ocasión el interés no estaba en quién triunfaría sino en ver qué pasaba cuando se juntaran Bisbal y Chenoa, contándonos el final de un cuento de abandonos y despechos que tanto gustan al respetable. Pura pulsión escópica olfateando el morbo.

Pelotazo de millones que estaba más ensayado que una oposición a notarías. Los chicos y chicas de OT estaban allí trabajando y haciendo cash. Punto y cobra. Los chicos y chicas de OT cantaron bien, fallaron los temas y el vestuario fue espantosamente adecuado para una noche de Halloween. Los chicos y chicas de OT ya han aprendido que el éxito es un espejismo que siempre brilla más en el otro y que, roto el hechizo, lo que interesa es la pasta.

Me subió bastante el azúcar.

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O. T.: El Reencuentro