Réquiem


El filósofo israelí Yubal Harari afirma que cuanto más globalizada y automatizada está la economía menor es el poder de influencia de la ciudadanía, y esta es una de las razones por las que la gente vota a Trump, el brexit o a los nuevos partidos en España, Grecia e Italia. La gente siente que está perdiendo poder de intervención política e intenta desesperadamente demostrar al sistema que aún lo tiene votando todo tipo de políticas antisistema. Algo de esto debe de estar pasando viendo la decadencia de la socialdemocracia europea. La socialdemocracia ha muerto de éxito al lograr sus principales objetivos de igualdad y prestaciones sociales impensables en el mundo en el que desarrolló su influencia, un devastado siglo XX donde había un excedente obrero al que consiguió dignificar equilibrando las fuerzas obreras y el capital. Un tiempo en que había obreros y los sindicatos tenían mucho más que conseguir que poltronas en consejos de administración y privilegios para sus mandos.

Pero el mundo se globalizó, el desarrollo tecnológico lo encanijó y nuevos amos vinieron a controlarlo en una especie de vuelta a un neofeudalismo en el que los que Echevarría llama «señores del aire», se han hecho con el poder económico y el control del planeta. Cada vez hay menos obreros porque el desarrollo tecnológico ha eliminado la mitad de los empleos manuales y amenaza con acabar con el resto. Cada vez habrá más excedentes humanos porque no habrá mucho más futuro laboral que el que produzca eso que llaman la sociedad del conocimiento dirigida por los poderes invisibles que controlan nuestra vidas.

¿Qué queda ya del mundo que vivió Marx y que organizó la socialdemocracia? Con un proletariado a extinguir y unos algoritmos tecnológicos fuera de cualquier control gubernamental y doméstico que nunca van a la huelga. Las ideologías se han vuelto borrosas al unificarse el mundo bajo el poder de unos pocos que controlan una tecnología que todo el mundo compra encantado, sobre todo los más jóvenes. Las ideas fundamentales de las democracias liberales con las que estamos familiarizados pueden quedar completamente obsoletas en este mundo por venir.

Los hombres de negro ponen coto a veleidades socialdemócratas y los estertores de su agonía se escuchan en los nuevos nichos de actuación, donde se atrinchera para intentar mantenerse viva bajo planteamientos de izquierda radical: reivindicaciones de colectivos minoritarios, animalistas, inmigrantes, laicismos recalcitrantes, memorias históricas y demás Ítacas que la distingan de una derecha igualmente agonizante y desubicada. En una situación así se comprende el resurgimiento de la vuelta al tribalismo y esta reivindicación del «derecho a decidir» en un mundo que ya está decidido.

Réquiem.

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