Enredarse con las redes

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

16 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Un reportaje de una compañera de La Voz, Bea Abelairas, está llamando la atención. El título es el gancho, «Si eres feliz, no lo cuelgas». En el texto, algunos expertos vienen a decir que los que no paran de poner toda su vida en fotos, vídeos y textos en las redes sociales no son tan felices como quieren parecer. El refranero español, tan sabio, nos da pie a explicarlo de otra manera: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces». Ay, la sabiduría popular. Pero no es bueno quedarse con los extremos. Me creo perfectamente que hay personas que pueden colgar en un momento de máxima felicidad su alegría sin falsedad. Tiene que existir un punto intermedio entre el que retransmite todo y el que es feliz y no se lo está inventando por tuitearlo. Las nuevas tecnologías están aquí. Y muchas veces recurrimos a ellas para los buenos y malos momentos. Antes era impensable recibir la noticia de que vas a ser abuelo por Snapchat o por Facetime. Pero ahora los móviles lo hacen posible en un segundo. Y no creo que esos padres que quieren compartir con su familia su felicidad de saber que van a tener un hijo no lo sean porque decidan desde Londres, donde trabajan, contárselo ya a su familia. Antes una carta tardaba meses, ahora un correo o un tuit, décimas. Está dicho, las redes son un instrumento. Claro que hay quien miente mucho en ellas y utiliza una felicidad fingida para tapar sus carencias. Pero también son una herramienta bárbara para compartir una explosión de júbilo que no tiene por qué ser ficticia. Traducido a los videojuegos, otros grandes incomprendidos. Un chaval que juega al Sniper Elite, si es un crío sano con criterio, sabe que no puede subirse a la azotea de su edificio y ponerse a pegar tiros. O, por lo menos, eso espero. Con las redes, enreda el que hace mal uso o abuso.