Dylan y la bilirrubina


Se lió parda en las redes. Pero no por los sospechosos habituales (véase política, fútbol o hazañas eróticas de algún famoso de medio pelo). La trifulca corrió a cuenta de la literatura, de la poesía y de la música. Ahí es nada. La primera ronda la pagaron unos señores en Suecia. Se olvidaron de dar el mayor galardón de las letras a cualquier eximio escritor y le otorgaron el Nobel a Bob Dylan, el hombre que ha tocado el alma de millones de personas con sus letras y que creó «una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana». Así argumentó la Academia su polémica decisión. Pero eso no apaciguó a los fundamentalistas, que pusieron el grito en el cielo. ¡Le han dado el Nobel a un cantante! Y a un genio. Al autor de maravillas como Girl from the North Country, One More Cup of Coffee, All Along The Watchtower... Como en todas las batallas tuiteras, las primeras víctimas fueron las respuestas razonables. En medio del estruendo, el blanco y el negro pasaron el rodillo. Hasta que toparon con el buen humor de una noticia fantástica y satírica: la concesión de otro Nobel, el de Química, a otro músico, el dominicano Juan Luis Guerra, por «sus investigaciones sobre la vitamina de cariño y la bilirrubina». 

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