¡Ave, Caesar!


¿Estamos ante una de las peores crisis políticas de la joven democracia española? Sí. ¿Cuándo algo va mal, puede ir a peor? También. ¿Cómo se le da la vuelta a un volante que se le ha quedado en las manos al conductor? De ninguna manera. Si hacemos la suma y luego hallamos la media, la resultante es una intrigante X. La incógnita, ya saben, tiene que ver con la increíble deriva que ha tomado la situación política, donde el PSOE ha pasado de ser protagonista principal a estrella absoluta en esta versión española de La guerra de los Rose. El cisma que ya se ha producido en el partido más antiguo de este país se parece mucho a esas rupturas donde se deja de lado toda racionalidad y cada parte se tira al cuello de la otra, cueste lo que cueste.

Estamos ante una situación muy peligrosa, agravada por la parálisis institucional y de gobernabilidad, y por la constatación por la ciudadanía de que la política ya no es la herramienta más eficaz en democracia. Cuarenta años después de la muerte del dictador llegamos al punto de no retorno,  atando lo que atado quiso dejar. Un enorme descrédito  supera toda posibilidad de vuelta atrás, con la corrupción in vigilando del partido en el Gobierno, que está «en funciones de», destrozando la credibilidad de las instituciones;  con la emergencia de una nueva política tan parecida a la vieja como dos gotas de agua... y con las dos Españas machadianas reflejadas en el partido que más se le parecía, hoy convertido en un barco a la deriva.

En el escándalo que vive el PSOE, en el pecado va la penitencia. El tiempo pondrá a cada uno en su lugar y solo hay que dejar que cada cual se retrate y deje la huella que se merece en la crónica de estos días de asaltos, crujidos y lamentos. Van a pasar muchas cosas, y muy pronto, pero las heridas pueden ser irrestañables. Quienes más van a perder son quienes construyeron un proyecto que ahora se empeñan en dinamitar, porque en esta guerra fratricida, todos pierden.

Al tiempo, los tres poderes que conforman el régimen democrático se cuecen en su propia crisis. El ejecutivo, inoperante y fuera del control del Parlamento: el legislativo, paralizado a la espera de que suceda algún milagro que rompa el hechizo, y el judicial, contaminado por intereses partidarios y ralentizado por su lenta y pesada maquinaria.  

Mientras tanto, seguiremos distraídos con el panem et circenses en un coliseo presidido por el César Mariano con su diadema de toxos y el dedo pulgar flojo, oscilante, sin saber qué resultado le será más favorable. En el coso, ya se encargan ellos: Pedro y Susana;  Susana y Pedro, ensimismados en su guerra de las rosas, dispuestos a morir matando y las masas coreando al unísono: ¡Ave, Caesar, morituri te salutant!

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