Fracasa mejor

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa CON LETRA DEL NUEVE

OPINIÓN

El próximo comité federal socialista promete. No creo que lleguemos a los extremos que describió Vázquez Montalbán en Asesinato en el comité central, pero no estaría de más ir llamando a Pepe Carvalho para que se deje caer por Ferraz a echar un ojo por si a algún barón se le va la mano con la autocrítica.

Porque más allá de los triunfos personales de Feijoo (único presidente autonómico con mayoría absoluta) y Ana Pontón (que dobló el brazo a las encuestas) y de la derrota de En Marea frente a sus propias expectativas (lo de Villares se quedó en un tibio sorpassiño), las elecciones de ayer confirman que el apocalipsis zombi se ha adueñado del PSOE. El partido que un día gobernó en las tres nacionalidades históricas continúa su alocado descenso a los infiernos. Ha cosechado en solo seis meses sus dos peores resultados de la historia en unas elecciones generales, ya había sido relegada a la tercera plaza (detrás de los muy incipientes Ciudadanos) en el Parlamento de Cataluña y desde anoche ocupa también puestos de consolación en los hemiciclos del País Vasco (cuarta posición) y Galicia, donde es tercera fuerza con un honroso empate a escaños con En Marea que en el escenario nacional de implosión del socialismo casi sabe a victoria.

Desde que España navega con el piloto automático del Gobierno en funciones, se han escrito muchos chascarrillos sobre Esperando a Godot, como si el bloqueo institucional fuese cosa de Beckett y no de Pedro Sánchez y sus pretorianos. Pero lo cierto es que hay otra obra del irlandés que refleja mucho mejor a qué se está dedicando el PSOE en los últimos tiempos.

El libro se titula Rumbo a peor y en él escribió Beckett una frase gloriosa, ya mítica, que lucen con orgullo todos los perdedores que han hecho de la cultura del fracaso su lema vital: «Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor».

La sentencia luce tatuada en el brazo del tenista Stan Wawrinka, que tras ganar el último US Open tal vez tenga que borrarla por haber traicionado sus principios existenciales. Pero quien tendría que llevarla grabada sobre la piel es el todavía secretario general del PSOE, que se ha convertido ya en una leyenda andante del arte de fracasar. Porque no se cansa de volver a intentarlo. Y porque, hay que reconocerlo, cada vez fracasa mejor.